Crecimiento Personal, Recetas

Las águilas y los cuervos: igualdad en la diversidad

Me encanta la primavera en Madrid, pero también echo de menos la primavera de mi estado de Oklahoma.  

Oklahoma es un estado central en los Estados Unidos. Está lleno de parques naturales, lagos y gente maravillosa y amable. No es el estado con más “glamour” en los EE.UU., pero no pasa nada, estamos contentos con lo que tenemos. Nos gusta lo que somos.  Tenemos un gran orgullo regional.  Estamos orgullosos de no ser de la zona costera. Nosotros no somos los neoyorquinos. Nosotros no somos los californianos. Somos agricultores, vaqueros, y nativos americanos que comparten el amor por nuestra tierra. Somos diferentes a la gente en otros estados y eso está bien.

Como extranjera que vive en España, soy muy consciente de mis diferencias. Con mi pelo rojo y mi acento americano, es bastante obvio que no soy española. Yo soy diferente, y no pasa nada.

Sitting Bull (Toro Sentado), un famoso guerrero del Tribu Sioux y el Hombre Santo, dijo una vez: «No es necesario que las águilas sean cuervos.» Lo dijo cuando enfrentaba la amenaza de la asimilación de los pueblos nativos americanos a la cultura occidental. Se refería a que no todos tienen que ser lo mismo, actuar de la misma manera, vestirse igual o tener la misma cultura para ser de valor en este mundo. En sus últimos días de su vida, él quería que hubiera armonía entre las tribus indias y el «hombre blanco», mientras se  mantenían sus diferencias culturales.

No es necesario que todos seamos iguales.  De hecho, no fue esa la intención de Dios.  Dios nos hizo diferentes, cada uno con nuestra propia personalidad y cultura. Una frase en la Biblia dice: “Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo podría oír? Y si todo fuera oído, ¿cómo podría oler?”  Debemos estar agradecidos de que Dios nos hizo a todos un poco diferentes.

Hay que celebrar nuestras diferencias y empezar a aprender el valor de nuestros hermanos y hermanas que no son exactamente como nosotros. Somos únicos. Él nos ama tal como somos. Recuerde, no es necesario que las águilas sean cuervos.

Comparto una receta de Indian Fry Bread (Pan Frito Indígena)

Indian Fry Bread (Pan Frito Indígena)

Ingredientes:
1 taza de harina (250 gm) 1/4 cucharadita de sal 1 cucharadita de leche en polvo 1 cucharadita de polvo para hornear 1/2 taza de agua Aceite vegetal o de girasol para freír Harina extra a la harina de las manos

Preparación:

Tamice juntos la harina, sal, leche en polvo y el polvo de hornear en un tazón grande. Verter el agua sobre la mezcla de harina de una sola vez y revuelva la masa con un tenedor hasta que comience a obtener volumen.

Poner harina en las manos. Utilizando sus manos, comenzar a mezclar la masa, tratando de obtener toda la harina en la mezcla para formar una bola.

Corte la masa en cuatro (4) trozos. Usar las manos enhariñadas para formar un disco de unos 17 centímetros de diámetro.

En una sartén, calentar el aceite vegetal a unos 150 grados Cº.

Tome la masa formada y suavemente lo coloca en el aceite, teniendo cuidado de no salpicar el aceite caliente. 

Presione hacia abajo sobre la masa. Freír hasta que estén doradas, y luego dar la vuelta para freír el otro lado. Cada lado tendrá aproximadamente 3 a 4 minutos de cocción. 

Coloque el pan frito cocinado en una toalla de papel para absorber el exceso de aceite.


Acordaros: No es necesario que las águilas sean cuervos. 

Amy

Cosas de Casa, Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, La Biblia, Recetas

Promesas para cuando te sientes abrumada (Incluyo una receta en familia: Pigs in a Blanket o Cerditos con una mantita)

He escrito esto antes de toda la crisis Coronavirus, pero encaja perfectamente.

Esta es una idea más que una receta pues no hay secreto alguno en su preparación.  Aún así es delicioso y promete entretener y alimentar a los niños.


Son salchichas cóctel enrolladas en hojaldre o alguna receta de pan casero.  Doy un paso a paso con fotos en mi blog personal: Paso a Paso

Vivimos tiempos difíciles en el mundo hoy: crisis políticas, necesidades sociales y humanas, accidentes naturales, problemas personales. Todo eso puede traer tensión y estrés dentro de nuestras casas. 

Creo necesario hacer que nuestro hogar sea un oasis en el desierto. Una receta como esta es una manera de contribuir a eso. Nada dice «amor» más contundentemente que una receta hecha con cariño. No es necesario hacer algo complicado o caro, sino hacerlo con amor. Eso se nota en los pequeños detalles. 

Esta es una de las maneras de hacerlo, pero creo que lo más importante es cómo nos encontramos nosotras cuando convivimos con nuestros hijos, marido u otros familiares y amigos. Nuestra condición emocional y espiritual es lo que va a dar luz y color a la experiencia de todos en nuestra casa. 

Es importante cuidarnos para que podamos cuidar a los otros. Si no te sientes bien o preparada para los retos que afrontas como madre y esposa, quizás sea el tiempo de evaluar tu vida. 

1) Los problemas me agobian.

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.»Juan 16:33

2) Tengo miedo al futuro.

«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.» Isaías 41:10

3)¿Qué haremos sin trabajo?

«Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?» Mateo 6:25-26

4) No soy capaz de hacerlo.

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» Filipenses 4:13

Estas son algunas de las promesas que Dios nos da en Su Palabra. Todo empieza cuando decidimos caminar con Él, cuando Le traemos a nuestra realidad. Yo lo he hecho hace 30 años y Él nunca me ha fallado.  Su Palabra no falla, Sus promesas son verdaderas.

«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.» Juan 1:12

Mara

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Espiritualidad, La Biblia

La vida en cuarentena

Nota: editorial: Artículo publicado originalmente en wendybello.com

Hace apenas un par de semanas lo que hoy vivimos no pasaba por la mente de nadie, en nuestro mundo occidental. Las noticias de lo que ocurría en China eran solo eso, algo que sucedía a miles de kilómetros, pero sin afectar a nadie más.

Huelgan las explicaciones, hoy todos estamos viviendo la misma pesadilla, por decirlo de alguna manera. Esta pandemia y sus efectos eran algo que solo habíamos visto en películas, jamás imaginamos que se convertiría en nuestra realidad; pero lo es. Ayer estuve en el supermercado y los anaqueles vacíos, las personas usando máscaras y guantes, la distancia entre unos y otros, los rostros asustados me recordaron que no estaba soñando ni viendo una película futurista. ¡Era real!

Las redes sociales compiten por nuestra atención con noticias que a veces no sabemos si quiera si son ciertas. Muchos proponen supuestos métodos de protección para evitar el contagio. Circulan videos que nos dejan sin palabras. Los gobiernos tratan de encontrar soluciones que disminuyan el avance del ya relevante Covid-19, mientras que en Twitter las guerras de opinión no cesan.

Ante todo este cuadro surgen preguntas que en realidad todavía no tienen respuesta, y quizá no la tendrán por mucho tiempo. Pero la vida continúa, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo se vive cuando el mundo está al revés, cuando el futuro parece tan borroso?

Bueno, yo no tengo una respuesta con solución a muchos de los problemas que enfrentamos por este virus, pero sí puedo compartirte lo que dice Dios para cualquier situación: vivimos un día a la vez. A lo mejor te preguntas dónde está eso en la Biblia. Ven conmigo a Mateo 6 y veamos estas 4 verdades.

«Por tanto, no se preocupen, diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?”. Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas.» (31-34)

No preocuparnos es un mandato que tenemos los que estamos en Cristo. No es opcional. De hecho, la Biblia lo repite una y otra vez, de diferentes maneras: «no estén afanosos, no estén ansiosos, no se preocupen»… Y sí, la preocupación puede llegar en un momento, y llegará porque nuestra naturaleza humana caída está sujeta a todas estas cosas, pero la preocupación no debe dominarnos. ¿Por qué?

Porque nuestro Padre celestial está al tanto de nuestras necesidades, Él lo sabe. Aquí es donde nos frustramos porque nuestra lista de necesidades muchas veces es más bien una lista de deseos. Jesús en este pasaje nos está diciendo que Dios nos dará todo lo que necesitemos. Y sabes, ¡qué bueno que es así!, porque en muchas ocasiones nuestros deseos provienen de un corazón torcido, que no sabe bien lo que quiere y mucho menos lo que necesita. En tiempos como estos, tenemos que descansar en que Él sabe, está al tanto.

En lugar de preocuparnos por estas cosas, pongamos la mirada en el reino de Dios. Ahora que tenemos tanto tiempo en nuestras manos es un buen momento para meditar en lo que realmente consume mi mente, mis esfuerzos, mis metas. ¿Realmente vivo para el reino de Dios? Pensar en cristianos de tantos lugares con carencias y persecución me recuerda lo que en verdad es vivir para el Reino y con el Reino como meta. En este pasaje Jesús deja claro que ésa debe ser nuestra prioridad; de todo lo demás, Dios se encargará.  Y, por tanto…

Vivamos un día a la vez. Eso es lo que enseña el versículo 34. El día de hoy es lo que tenemos. Ayer pasó, mañana no está en nuestras manos. El Señor nos regala este día que Él ha hecho, para buscar Su reino, para buscar Su gloria. Y también para cuidar de nuestra familia, para hacer nuestro trabajo o lo que sea que ahora podamos hacer, un día a la vez.

Así que, mi querida lectora, quisiera que meditáramos en estas cuatro verdades, y que decidamos no solo escuchar la Palabra, sino obedecerla. Vivir un día a la vez no solo nos ayudará en este tiempo de aislamiento, cuarentena e incertidumbre, sino que estaremos viviendo de la manera en que Cristo nos llamó a hacerlo.

Quiero también que sepas que desde mi casa aquí en Florida estamos orando por el pueblo de Dios en cualquier rincón del mundo, para que no desaprovechemos la oportunidad que el Señor nos está dando de buscar más Su rostro, ser luz en medio de esta oscuridad, y recordar, o reconocer, que Él gobierna, Él reina y nada le toma por sorpresa. Su amor no cambia y nada nos puede separar de Él, aunque tengamos que vivir una pandemia.

Te comparto esta buena noticia: RECURSOS GRATIS DE LIFEWAY PARA EQUIPARTE: Haz clic aquí y usa el código EQ0330 para los cursos que tengan un costo.  

Vivamos un día a la vez, ¡Dios es bueno! 

Wendy

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Espiritualidad

El perdón: aprender inteligencia emocional

Nota de la Editora: mientras estamos en cuarentena, mucho sentimientos escondidos pueden aflorar. El perdón debe de ser algo constante en nuestras familias y otras relaciones. Que durante este tiempo de estar en casa aprendamos a buscar perdón y perdonar.

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”

Aristóteles, Ética a Nicómano

Primavera es tiempo de ventilar las ropas, tiempo de abrir ventanas y dejar ventilar la casa. Pues, ¿ por qué no lo hacemos también con nuestros viejos sentimientos? Es tiempo de dejar ventilar nuestras emociones, es tiempo de limpiar nuestro corazón de viejos rencores.

Todos  sabemos lo que es el enfado. El Diccionario ABC define Enfado es el disgusto o enojo que generalmente sentimos por otra persona como consecuencia  de la realización de alguna acción o manifestación  inoportuna y que nos incomoda.”  Es una emoción  nosotros solemos manifestar a través de la furia, irritabilidad, el resentimiento entre otros estados. Generalmente viene acompañado de una serie de efectos físicos  tales como el aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea  y con incremento de los niveles de adrenalina y noradrenalina. 

Mantenerse enfadado por mucho tiempo nos cuesta mucha energía y desperdicio  de la energía necesaria para vivir y enfrentarse a los retos diario de nuestras vidas.  Y además, puede costarnos la salud y  mermar o destruir nuestras interrelaciones con las personas que amamos.

Nosotros podemos hacernos personas rencorosas por estar enfadados  con alguien o con alguna cosa  que nos  pasó  y que nos ha hecho  daño o quizás por heridas emocionales. He dicho hacernos personas rencorosas porque es posible desaprender el rencor y aprender a ser perdonadores, o sea, personas que se esfuerzan en aprender el hábito de perdonar!

Quiero compartir un secreto con vosotras: Siendo niña sufrí abuso por parte de un pariente, ha sido la cosa más difícil de perdonar, pero este perdón fue lo que más  me trajo paz, alegría y sentimiento de liberación. Y además Dios me ha usado en la vida de muchas mujeres. Podemos perdonar con la ayuda de Dios, podemos ser felices aunque pasemos por una experiencia  dolorosa. ¡Dios es  más grande que todo eso!  Lo sé. Yo tenía  derecho de ser amada y protegida de niña, pero no pude evitar lo que pasó, mas ahora puedo escoger recordar las cosas buenas que me pasaron en la infancia y no traer a mi memoria lo malo que me pasó;  al contrario perdonar y liberar mi corazón para ser feliz. ¡¡¡Y cuán feliz soy!!!  Cada día con mi marido, hijos y nietos que el Señor Jesús me ha regalado!

« Venid  a mi todos que los que  estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar» Mateo 11:28

 Agua aromatizada natural

Chicas os doy una idea que he utilizado al recibir a mis  hijos  y nietos en casa.

Agua de la sierra madrileña, hojas de menta fresca de mi jardín, fresas congeladas , limón y ¡¡mucho amor !!!¡ Muy refrescante y muy rico! Perfecto para las comidas al aire libre. Que disfrutéis mucho. Besos.

Rosa

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, La Biblia

Las Crisis, escrito por Lidia Martín (libro) – parte 2

Diez  realidades bíblicas ante las crisis

(Para ver la primera parte pinchar aquí)

Ayer comentábamos algunos aspectos relacionados a nuestra forma de reaccionar ante las crisis como humanos que somos. Pero llegados al punto álgido de por qué a mí, por qué Dios permite que sufra, la autora nos reta con la siguiente frase: “puede ser más enriquecedor darnos cuenta de que solos no podemos y que debemos mirar más arriba en busca de otras fuentes de ayuda más eficaces” (página 100) . Por lo tanto, la crisis acaba por convertirse en algunos casos en el vehículo que Dios usa para que nos acerquemos más a EL. Pasemos, pues, a revisar las diez realidades bíblicas sobre las crisis.

Realidad 1: Dios permite la crisis “Este hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal” (Job 1:1b). Dios tiene un plan para cada uno de sus hijos, pero nuestra capacidad de análisis ante el sufrimiento solo se queda en lo superficial. Solo cuando ha pasado la crisis, podemos observar los beneficios, con temor, temblor y reverencia, que Dios nos proporcionó durante el sufrimiento.

Realidad 2: Dios está en la crisis “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”  (Isaías 43:1) A lo largo de la Biblia, cuando se quiere expresar el poder de Dios , se ponen ejemplos de su control en la naturaleza. Por ejemplo, cuando el Señor Jesús calmó la tormenta. Por este motivo, no es casualidad que en nuestra vida usemos la metáfora de la tormenta en nuestra vida para las crisis por las que pasamos.

Realidad 3Dios escucha en la crisis “¿Está alguno de vosotros afligido? Haga oración” (Santiago 5:13) Es un consuelo saber que Dios nos escucha y presta oído a nuestro clamor. La oración, esa conversación con Dios, es la herramienta insignia de la vida cristiana. Reconozcamos Su Soberanía, El es Todopoderoso, acerquémonos con confianza y fe en medio de las lágrimas quizás para contar a Dios nuestro sufrimiento o el de nuestros seres más queridos como nuestra pareja o hijos, familiares o amigos.

Realidad 4: Dios habla en la crisis “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré  osas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3) Dios siempre está interesado en comunicarnos con nosotros; El escucha nuestras oraciones, conoce nuestro corazón y comprende nuestro clamor.

Realidad 5: Dios provee generosamente en la crisis y según su absoluta sabiduría  “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas (…) a él sea la gloria” (Efesios 3: 20 – 21) La gracia de Dios queda manifiesta y sobrepasa nuestro entendimiento. Dios cumplirá Sus promesas, responderá nuestras súplicas, siempre dentro de Su voluntad, Su misericordia y Su generosidad.

Realidad 6:  Dios orienta nuestra mirada hacia lo verdaderamente importante durante la crisis “Una cosa he demandado al Señor , ésta buscaré; que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para inquirir en su templo” (Salmos 27:4) Una consecuencia inevitable durante la crisis es la preocupación; somos incapaces de evitarlo. Pero Dios en su infinito amor y gracia, nos sigue invitando a que confiemos en El, y que si hay preocupación que sea por estar cerca de El.

Realidad 7. Dios protege en la crisis “Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas; le protegerá todos los huesos y ni uno solo le quebrarán” (Salmos 34: 19, 20) La consecuencia de nuestras malas decisiones trae consigo sufrimiento. Por lo tanto, si sufrimos puede ser que estemos ausentes de Dios. Todas las crisis suponen un desgaste físico y mental inigualable, por este motivo, debemos recurrir a Dios para recibir su misericordia, protección y gracia.

Realidad 8:  Dios controla constantemente las circunstancias en la crisis.  “Vida y misericordia me concediste; y tu cuidado guardó mi espíritu” (Job 10:12) Dios tiene puesta su atención en cada uno de nosotros, no nos abandona, no se ausenta. Aunque a veces dudamos del favor y la gracia de Dios y por eso nos sentimos solos, sin solución. En esos momentos es cuando debemos sacar fuerzas y hacer el balance y análisis de lo que nos está pasando y querer confiar en la presencia y protección de Dios en medio del sufrimiento.

Realidad 9: Dios usa la crisis para enseñarnos, moldearnos “mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, el mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y  establezca” (1 Pedro 5: 10) Entonces las pruebas, las crisis, el sufrimiento no es un periodo vacío sin sentido. En ese periodo si confiamos en Dios, si pedimos su protección, si logramos analizar la situación sin tomar decisiones equivocadas, estaremos madurando, creciendo, aprendiendo que nuestra vida diaria está en consonancia perfecta con Dios.

Realidad 10 El fin de la crisis es glorificar a Dios en ella  “Invócame en el día de la angustia, yo te libraré y tú me honrarás” (Salmos 50:15) Empezábamos esta reseña diciendo que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. No es más que este: nuestro propósito como cristianos es glorificar a Dios, Y por raro que lo parezca también durante una crisis. Se espera de nosotros que aprendamos en los momentos buenos y malos a honrar a Dios.

Este nuevo viaje en la reseña de un nuevo libro ha terminado. No obstante, quiero dejaros aquí con un poema anónimo. Podemos tomarlo como una metáfora, un ejemplo o una realidad. Lo cierto es que cada uno de nosotros podemos vernos identificados.

Nilda

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Espiritualidad, La Biblia

Las crisis, libro por Lidia Martín

Las Crisis, escrito por Lidia Martín (Libro)

Diez realidades bíblicas sobre las crisis
En esta ocasión, nos acercamos a un libro escrito por la psicóloga Lidia Martín, publicado por Ediciones Andamio. En este libro llamado «Las Crisis, Diez realidades bíblicas sobre las crisis», encontramos la perspectiva humana sobre el sufrimiento durante una crisis, nuestra participación humana para resolverlas o superarlas o sobrellevarlas con nuestra conducta, nuestras emociones, nuestro  raciocinio y los aspectos físicos de la propia crisis. Toda esta especie de preámbulo nos va preparando para el descubrimiento que la presencia divina de Dios nos acompaña durante todo el proceso de una crisis. ¿esto significa que Dios permite una crisis? En las propias palabras de la autora “la gran oportunidad de la crisis está siempre, para el cristiano y el no cristiano, en encontrarse frente a la realidad de su debilidad y ante la irrevocable verdad de un Dios Todopoderoso que está por encima de cualquier circunstancia. Es en nuestra necesidad donde Él se hace fuerte y somos más conscientes de nuestro papel, de Su papel” (p. 101)

La mayoría de nosotros ha pasado por alguna crisis en algún momento de nuestra vida, por este motivo, no vamos a enumerar la significación que nos aportan los profesionales especializados. Resumamos diciendo que la crisis es una situación que nos coloca de forma temporal en una falta de capacidad para su solución por los recursos que usamos o no usamos, donde nuestro entorno queda resquebrajado y nuestra capacidad para valorarla puede ser optimista o pesimista. La autora nos ofrece en detalle tanto los factores de riesgo como la categorización de las crisis que podemos sufrir en diferentes etapas de nuestra vida. Cualquiera de nosotros no podrá evitar identificarse con al menos alguno de los factores (edad, baja autoestima, experiencia temprana de frustración, soledad, etc) o no podrá evitar evocar algún recuerdo por crisis evolutiva o inesperada. Lo cierto es que como muchas veces y en muchos casos, la presencia del núcleo familiar es preponderante para dar cobijo; pero sobre todo, lo primordial es no subestimar una crisis.


En consecuencia, nos ponemos a buscar soluciones sin antes percatarnos ni analizar en profundidad lo sucedido o lo que es peor acabamos más sumidos en la desesperación y la desesperanza de que nuestro sufrimiento nunca va a desaparecer. En este libro, su autora nos ayuda a aclarar conceptos y realidades. Os invito a que podáis leerlo detenidamente, ya que podemos pensar que es un tratado de más de quinientas hojas; sin embargo, este libro nos espera con menos de ciento cincuenta páginas en una narrativa sencilla de seguir y donde párrafo a párrafo vamos recordando, superando o afrontando el dolor sufrido durante una crisis. Aquí solo os mostramos una pequeña reseña del mismo. Volviendo a la intervención humana ante las crisis. Para contrarrestar nuestros pensamientos, emociones y  conducta de pasividad, de normalidad o de evitación, tenemos que buscar recursos de pensamiento positivo inteligente, contar con personas de nuestro entorno cercano, buscar soluciones marcando las circunstancias de la crisis y las ventajas y desventajas en la toma de cierta decisiones, buscar afrontar la crisis con el apoyo de la religiosidad manifestada en la fe, ya que esta última es una forma activa de afrontamiento. 

Otra parte importante que debemos mencionar es nuestra intervención en los aspectos físicos ante la crisis. Esto tiene que ver desorden alimenticio, del sueño, el stress, nuestra actividad fisiológica y el peligro ante el uso de sustancias. Sobre todo, seamos conscientes que los mínimos hábitos de una vida sana son primordiales. Nuevamente la autora nos recuerda la necesidad de la presencia de personas cerca de nosotros, aquellas en las que podemos confiar porque nos apoyan, aunque deseemos alejarles de nosotros. Entonces, cómo vamos a contrarrestar todas estas circunstancias, queridos amigos lectores, mañana podremos aprender que en el proceso del dolor y del sufrimiento la asistencia y misericordia de Dios nos está esperando porque  tiene un plan para cada uno de nosotros. 

(Nota editorial: mañana publicamos la segunda parte)

Nilda

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal

No hay fórmulas mágicas para el dolor

Nota de la editora: una publicación de hace tiempo pero es muy relevante en estos momentos en que muchos van perdiendo seres queridos. Que este texto os pueda ayudar mientras pasáis por este momento difícil.

De parte de la asociación Decir Adiós en su celebración pasada de las jornadas de formación ´Acercamiento a la muerte´

Gina Campalans, de 56 años, perdió a su hijo mayor, David, hace ocho años. Sufrió, vivió con dolor mucho tiempo, pero aprendió a vivir echándole de menos. Años después decidió crear, con la ayuda de la Fundación Abel Matutes y de su amigo Bruno Reymond, la asociación Decir Adiós para ayudar a otras personas a afrontar la muerte de un ser querido.

¿Se puede aprender a decir adiós?
—Sí, no es fácil, pero se puede. Tenemos que aprender a vivir sin esa persona. El camino del duelo es nuevo, desconocido, y cada uno lo transita como puede.

—¿Cómo se aprende?
—El tiempo no lo cura todo. No es el tiempo el que hace que te recuperes de la muerte de un ser querido. Hace falta un trabajo personal. Depende de la actitud que tengas. Necesitas querer superar ese momento, poner de tu parte.

—¿La gente pide una fórmula milagrosa para que no duela?
—Desde el principio aclaramos que no hay fórmulas mágicas. El duelo es tremendamente doloroso y es peligroso refugiarse en sustancias porque pueden cronificarlo. Hay que atravesarlo. Hay que llorar, cuidarse y aprender a vivir sin esa persona. La vida continúa. Tenemos que seguir duchándonos, haciendo la compra, ocupándonos de la familia, etc

—¿Qué señales alertan de que un duelo no es normal?
—Hasta el deseo de morir cuando el dolor es insoportable, de irse con la otra persona, de no encontrar sentido a la vida sin ella, es normal durante un tiempo. Si transcurren seis meses y todos estos pensamientos persisten, hay que pedir ayuda a un profesional.

—¿Tener gente alrededor en esos momentos ayuda o molesta?
—La soledad es imprescindible para encontrarte con tu propio dolor, escuchar a tu corazón, tus pensamientos, llorar y sentirte triste, pero hay que hallar el equilibrio. El aislamiento es peligroso. Hay que dejar que los que nos rodean nos ayuden. A mí me ha ocurrido, había gente en casa y necesitaba estar sola, pero hay que dejar que los demás nos muestren su cariño.

—¿Hay buenas intenciones que hacen daño?
—Sí, muchas. Hay frases demoledoras. ´No te preocupes, tendrás otro hijo´. ´Era la voluntad de Dios´. ´Ha pasado a un lugar mejor´. ´Eres fuerte, lo superarás´. Mejor que estuvieran callados.

—¿Mejor un abrazo que una palabra?
—Robert A. Neimeyer, un psicólogo, decía que tres ´A´ son la clave de la ayuda a una persona en duelo: el amor, los abrazos y el azúcar.

—¿El azúcar?
—Sí. No sé el efecto que tiene, pero dicen que es estimulante.

—¿Hay duelo sin depresión?
—Sí. El duelo no es una enfermedad, pero puede derivar en patologías. La tristeza, la falta de ilusión, puede parecer una depresión, pero forma parte del proceso, no es una depresión. Hay que diferenciar una depresión de un duelo, pero un duelo mal elaborado puede derivar en una depresión.

—¿Un grupo de apoyo ayuda?
—Poner palabras al dolor ayuda a empezar a curarlo. La única manera de sanar el duelo es atravesándolo. Y la mejor forma de hacerlo es expresando los sentimientos que surgen: dolor, tristeza, ira, culpa, vergüenza, añoranza, incredulidad, etc. Las personas que mejor nos comprenden son las que han pasado por esa situación y que no nos juzgan cuando, pasado un tiempo, seguimos estando tristes o enfadados.

—¿Se llora mucho en los grupos de apoyo?
—Muchísimo. Se invierte mucho en pañuelos. El otro día me llamó una madre que acaba de perder a su hija. Estuvo al teléfono diez minutos. Solo lloró. Estoy segura de que saber que al otro lado había alguien escuchándola era terapéutico. Para mí lo era.

—¿Cuándo se sabe que ese dolor tiene un final?
—Hay un momento en el que la vida te vuelve a ilusionar. Vuelves a querer quedar con los amigos, salir a cenar, ver una película, disfrutar de un atardecer, etc. La propia vida te dice que estás dejando atrás ese dolor, te anima a seguir.

—¿Da miedo volver a pasar por eso?
—Yo no solo perdí a mi hijo, también a mis dos hermanos pequeños. ¿Miedo? Yo no lo he tenido, pero imagino que habrá gente que sí. La mayoría de las personas creemos que esto es algo que le pasa al vecino, pero no a nosotros porque nuestra cultura no aborda la muerte con naturalidad. He estado en África, en Mozambique, y en miles de familias faltan hijos. No diré que no sufren la muerte de sus hijos, pero la viven con más naturalidad. En nuestro mundo el impacto es mayor. De hecho, alejamos a los niños de todo lo relacionado con la muerte.

—¿Cómo pasa un niño un duelo?
—Depende del apoyo que tenga. A un niño hay que transmitirle la verdad con sencillez, naturalidad y con palabras que pueda entender. Si no se le engaña, no se le esconde lo que está sucediendo y se vela durante el tiempo que va a tener que enfrentarse a que mamá, papá o un hermano no va a volver, podrá atravesar el duelo de forma sana. No hay que engañarles. Nunca. Ni decirles que esa persona se ha dormido o que está enferma porque cuando estén enfermos pueden pensar que se van a morir o tener miedo a cerrar los ojos. Es importante no convertir en un tabú la muerte de esa persona, recordarla. En muchas familias el dolor es tan grande que se borra a esa persona, no se habla de ella y se quitan las fotos.

—¿La gente se siente culpable por reír o pasárselo bien?
—Sí. En los grupos de apoyo ayudamos a que la gente se permita disfrutar de la vida. Muchos padres se sienten culpables porque piensan que su hijo ya no puede hacerlo. Los momentos de dolor van a venir quieran o no. Ver una película, charlas con los amigos o tomar un café y reírse un rato, es sanador, necesario e imprescindible.

—¿El dolor desaparece?
—Sí. Aminora y llega a desaparecer. Recuerdo haber sufrido tanto que pensaba que jamás podría continuar, pero el dolor desaparece. Hay momentos, un comentario, una música, que te recuerdan a esa persona y vuelves a sentir casi el mismo dolor que entonces. Pero puedo garantizar que el dolor pasa.

Gina

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Salud y Belleza

El cuidado personal durante la cuarentena

Hola!  Me llamo Sarah, soy hija de Mara, y me hace ilusión poder compartir hoy por aquí. Vivo en Alcalá, soy profe de inglés y traductora. Y como la mayoría de los que me estáis leyendo, estoy de cuarentena.

Es un tiempo muy extraño, muchas veces triste. Gracias a Dios, estoy bien de salud y mi compañera de piso también. Pero pensamos mucho en los que no lo están. Este tiempo me está haciendo reflexionar mucho. 

Seguramente como para muchos de vosotros, encontrar un ritmo estos últimos días ha sido difícil. Sé que para muchos el estar en casa no significa que tengan tanto tiempo libre, si tienes hijos, quizás tienes más trabajo ahora que tienes que ayudarles con los estudios. O ves que te está costando poner los límites adecuados en el mundillo del tele-trabajo.

En lo profesional, acabo de terminar un proyecto de traducción, que me ocupó bastante tiempo estos últimos meses. A parte de eso, estuve preparando las clases de inglés que doy en un cole que obviamente se cancelaron cuando se cerraron todos los centros. Así que cuando nos pusimos de cuarentena, de la nada, me encontré con bastante tiempo libre.  

Decidí que quería aprovechar estos días y dedicar tiempo a lo más importante. Obviamente, mi salud física, pero también mi salud espiritual, emocional y mental. Los primeros días no tuve mucha rutina, dije que me venía bien descansar y hacer un poco lo que me daba la gana.  Pero a los pocos días me di cuenta de que esto son circunstancias muy especiales, que no son vacaciones, y que quedarme en casa sin tener rutina no me ayudará a largo plazo con mi salud.

Si soy honesta, la incertidumbre de esta cuarentena y triste realidad de muchos me baja los ánimos si no tengo cuidado. Entonces, con mi compañera de piso, decidimos ponernos una rutina. Nada drástico, pero unas pautas para levantarme con un poco más de propósito. Decidí ponerme una meta en este tiempo: acercarme a Dios y cuidar mi salud. Y elegí cosas concretas y prácticas que me ayudan a cumplir con esta meta. 

Yo tengo los siguientes apartados, pero puedes elegir los que quieras, ya que cada una tenemos nuestras circunstancias diferentes:

1) Agua

2) Ejercicio 

3) Cuidado personal

4) Amigos

5) Familia

6) Música 

7)Trabajo

8) Lectura 

9) Escritura 

Para mí, hacer un poco de cada apartado cada día me mantiene en buen ritmo durante el día y me da la oportunidad de aprovechar este tiempo y de cuidar mi salud. No siempre cumplo cada apartado, pero es importante apuntarlo para que te motive y mantener el ritmo. Adjunto una foto de mi tabla.

 1) Agua. Me apunto los vasos de agua que bebo con puntitos (suena tontería pero es que si no, se me olvida beber agua!!) 

2) Ejercicio. Apunto la sesión de ejercicio del día (estamos siguiendo un plan con una mezcla de HITT,  Zumba y Yoga en youtube). 

3) Cuidado Personal. En esta columna elijo algo que me haga sentir bien. Un día me pinté las uñas, otro una mascarilla para el rostro, y también para el pelo.

4-5) A parte de esto, intento hablar por videollamada o mensaje con al menos un familiar o un amigo al día. Ya que no podemos vernos en persona, es importante para todos seguir manteniendo las amistades y comunicación! 

6) La música. Esto me ha ayudado bastante a centrarme y luego anoto una canción que me haya inspirado de alguna forma. También he aprovechado para escuchar música diferente. 

7) En el apartado de trabajo, anoto cosas que tengo que hacer para seguir avanzando en proyectos, como buscar algunos recursos para algunas clases.

7 y 8) La lectura y la escritura, que para mí ¡son imprescindibles! No me estoy estresando por ser super productiva ni por terminarme muchos libros, si no de leer lo que pueda y utilizar la lectura para que me ayude a relajarme, pensar y reflexionar. Escribir estos días me ha ayudado a procesar mis pensamientos y sentimientos y todo lo que está pasando. Intento publicar algo en Instagram, y en mi cuaderno personal. 

Lo importante para mí en este tiempo es acercarme a Dios, leer la Biblia y pasar tiempo orando. Lo bueno de la oración es que se puede hacer de tantas formas; hablando normal, escribiendo, pintando, cocinando. Así que estoy aprendiendo a ser más creativa en la forma en que me comunico con Dios, y aprovechando este tiempo de silencio para escucharle y descansar en Él. 

Espero que estos consejos os hayan servido de alguna forma. Sé que para muchas de vosotras, tenéis muchos más apartados como cuidar a los hijos, estudiar, escribir una tesis o terminar proyectos profesionales importantes. Aún así, ¡os animo a elegir una o dos cosas que podáis hacer para cuidaros en este tiempo!  Hay días que no cumplo  todo, lo importante es mantener el ritmo para que este tiempo en casa sea de descanso y crecimiento personal. 

Os dejo la receta de una mascarilla hidratante de pelo que me gustó mucho. No soy muy estricta con las medidas, pero tengo el pelo bastante largo y denso, así que añadí unas cucharas más de aceite de coco.

3 cucharas de aceite de coco (puede ser de oliva si no tienes de coco)

2 cucharas de miel 

4 gotitas de aceite esencial de lavanda

2 gotitas de aceite esencial de naranja

Mézclalo, y masajea tu pelo con la mezcla. Cuidado con masajear mucho las raíces,  pues será más difícil de sacarlo por el aceite. Cuando termines de pasarlo por el pelo, hazte un moño y envuelve tu pelo en una toalla. Cógete un libro y descansa por 30 minutos. Después de los treinta minutos, aclara bien tu pelo con agua y lávalo normal con champú y acondicionador. Aclara bien tu pelo, y después de terminar la ducha, aclara tu pelo con agua fría. 

Muchas gracias por leer y mucho ánimo. 

Sarah

Crecimiento Personal

Un poema para la pandemia

Y de repente despertamos un día y todo cambió, en Disney se apagó la magia, la muralla china no era tan fuerte, ahora New York si duerme, y ningún camino quiere conducir a Roma, un virus se corona como dueño del mundo y nos dimos cuenta de nuestra fragilidad, no sabemos si el daño es a propósito o irresponsabilidad de nosotros mismos, pero la amenaza está ahí cada día más fuerte, ya los memes no causan tanta risa, los abrazos y los besos se transformaron en armas peligrosas y la escasez de productos nos demuestra una vez más lo egoísta que somos, tan egoístas que decimos “no hay problema este virus solo se lleva a los viejitos” como si no tuviéramos a nuestros padres o como si no fuéramos a llegar nunca ahí. Queremos hacer valer nuestros “derechos” de decidir si dejar vivir o no a otro y ahora nos damos cuenta que no podemos ni decidir por la vida de nosotros, un planeta que hoy se pone una máscara no solo para un virus sino para tapar nuestra vulnerabilidad mezclada con soberbia y se lava las manos para no reconocer nuestra responsabilidad tal como un pilato.

Sí, hay miedo. Sí, hay aislamiento. Sí, hay compras de pánico. Sí, hay enfermedad. Sí, incluso hay muerte.

Pero, dicen que en Wuhan después de tantos años de ruido puedes escuchar a los pájaros de nuevo.

Dicen que después de unas pocas semanas de silencio el cielo ya no está lleno de humos. Pero azul, gris y claro.

Dicen que en las calles vacías de Assisi la gente está cantando desde sus casas y sus balcones manteniendo sus ventanas abiertas
para que los que estén solos puedan escuchar las voces de las familias a su alrededor.

Dicen que un hotel en el oeste de Irlanda ofrece comidas gratis y las entrega a domicilio.

Hoy una joven que conozco está ocupada repartiendo por el barrio volantes con su número de teléfono para que los ancianos puedan tener a alguien a quien llamar.
Hoy iglesias, sinagogas, mezquitas y templos
se están preparando para dar la bienvenida
y proteger a los desamparados, enfermos y cansados.

En todo el mundo la gente se está desacelerando y reflexionando.
En todo el mundo, las personas miran a sus vecinos de una manera nueva.
En todo el mundo la gente está despertando a una nueva realidad. A lo grande que realmente somos. A qué poco control tenemos realmente. A lo que realmente importa ..AMAR.

Entonces rezamos y recordamos que
Sí, hay miedo …pero no tiene que haber odio.
Si, hay aislamiento …pero no tiene que haber soledad.
Sí, hay compras de pánico …pero no tiene que haber egoísmo.
Sí, hay enfermedad …pero no tiene que haber enfermedad del alma.
Sí, incluso hay muerte …pero siempre puede haber un renacimiento del amor.

Despiértate eligiendo como vivir hoy.
Hoy respira, haz una pausa y escucha detrás de los tormentos de tu miedo.

Los pájaros cantan de nuevo, el cielo se está despejando, la primavera está llegando, y siempre estamos rodeados de amor.
Abre las ventanas de tu alma y aunque no puedas pisar la calle vacía …Canta. 

Fr. Richard Hendrick, OFM
Marzo 13, 2020

todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni oscurecimientos.

Santiago 1:17

Equipo Dulce Fragancia

Crecimiento Personal

Estad quietas

Nota de la editora: este texto fue enviando antes de esta pandemia. Interesante es que puede ser totalmente adaptado para este momento, mientras afrontamos este gran reto:

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. –Salmo 46:10

Soy la peor en «estar quieta». No solo soy una mujer normal que tiene un millón de cosas en mente en un momento dado, sino que también tengo TDAH de adultos, soy una pensadora extrovertida y apenas puedo terminar un pensamiento una vez que lo comienzo.

Me preocupo y pienso demasiado en casi todo lo que podrías poner delante de mí. En un día típico, me pierdo cien veces, y al final de cada día me encuentro con una lista completa de cosas por la mitad, porque en medio de cada nueva tarea me distraigo y empiezo una tarea diferente.

Últimamente, me encuentro agotada, sintiéndome improductiva, cobarde e inútil. En lugar de mantenerme firme y pelear la buena batalla, recurro a un estado paralizante, escondiéndome detrás de cualquier razón que se me ocurra para no ser audaz. Es asqueroso. Parece que el diablo y el ángel, uno en cada uno mis hombros, están constantemente luchando para salirse con la suya.

Esto me hace sentir culpable y no importa cuántas veces mi marido (tan majo) me recuerde que no hay condenación en Cristo y que la próxima vez que vea una oportunidad necesito aprovecharla. Cada una de esas oportunidades perdidas parece dejar una cicatriz.

En los meses más recientes, me encuentro delante del Señor desesperada por saber de Él lo que pretende hacer conmigo. Me he encontrado gritando: “¡Señor! ¡Soy un desastre! ¿Qué puedo hacer para complacerte cuando mi corazón está agotado? No tengo nada y me encuentro vacía. No sé a dónde ir desde aquí y no sabría cómo llegar incluso si lo supiera. ¿Cual es tu propósito? Porque siento que me estoy equivocando «. Me pongo muy nerviosa teniendo esta conversación con Dios una y otra vez. No es de extrañar que esté agotada. Entonces … alivio.

Es cuando oigo este susurro:

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. –Salmo 46:10

Escuchar este recordatorio generalmente me deja sin palabras, en un estado de plena humildad … Mientras estoy tan ocupada, todo lo que Él quiere que haga es estar quieta ante Él. Este versículo me sorprende porque no se limita a que Él me pida que «esté quieta» ante Él, sino que sigue con la esperanza de que Él sea exaltado entre la tierra. Él se dará a conocer. Recibirá toda la gloria que se le debe y cumplirá su propósito global. Sobre todo, Él lo hará con o sin mí. Esto me da esperanza porque me recuerda que realmente solo tengo que tomar una decisión, y es, «¿Estoy en su equipo o no?».

Deseo desesperadamente ser parte de su propósito y de lo que está haciendo, sea lo que sea que eso signifique. Entonces, cuando se trata de tomar decisiones, ¿realmente importa lo que elijo? Porque si confío en que Él me está guiando, entonces todas, o al menos la mayoría de las cosas que se me presentan pueden ser filtradas por esa pregunta: «¿Es esto para su gloria o la mía?» Si es para su gloria, la respuesta es «sí», y si es para la mía, la respuesta es «no». Al menos, DEBE ser tan simple como eso. ¿Cierto?

En los próximos meses, estaré segura de «estar quieta» y elegir las cosas que le traen gloria. Nuestra familia ha estado enfrentando una agitación a la que no podemos dar palabras y en cada esquina hay más decisiones que tomar. Afortunadamente, Dios es Soberano y cuento con que intervenga.

Pase lo que pase, a través de todos mis éxitos y fracasos como madre y como esposa, rezo/oro para que mi familia esté firme en la verdad de que nuestro Creador se deleita en nosotros y tiene un plan para nosotros. Él ya conoce el final desde el principio; y al final es glorificado. Entonces, con fe en el Señor, continuamos en este viaje hacia la quietud. Nos convertiremos en mejores padres al tratar de proteger, enseñar, consolar y amar a nuestros hijos. Nos convertiremos en mejores cónyuges al tratar de protegernos, enseñarnos, consolarnos y amarnos. Nos volveremos terriblemente conscientes de lo humanos que somos y seremos desafiados profundamente por los deseos de nuestra carne.

Sobre todo, seguiremos necesitando desesperadamente de nuestro Salvador para satisfacer todas nuestras necesidades. El caos adquirirá un significado completamente nuevo. Tendremos que esforzarnos aún más para elegir ser pacientes los unos con los otros, amarnos, respetarnos y luchar por los demás. Comenzaremos un capítulo completamente nuevo en nuestro viaje hacia «estar quietas», y continuaremos preguntándonos, «¿es esto para Su gloria o la nuestra?».

Mi oración por cada una de vosotras mientras buscáis hacer crecer a vuestra familia en la paz, el amor, el conocimiento y la verdad del Señor es la siguiente: que sean maleables con sus enseñanzas, una esponja al recibir su gracia y un vaso para su gloria. Rezo/oro para que intentéis ser de la misma opinión con vuestro cónyuge para que juntos puedan criar hijos que sepan realmente “estar quietos” ante el Señor Todopoderoso y confiar en Él para satisfacer todas sus necesidades. La verdad que todos podemos sacar es que Dios será exaltado. Así que empieza con Él siendo exaltado en cada uno de nuestros hogares y continúa cuando aprendemos, a pesar de todo, sencillamente «estar quietas».

Anna