Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, La Biblia

Las Crisis, escrito por Lidia Martín (libro) – parte 2

Diez  realidades bíblicas ante las crisis

(Para ver la primera parte pinchar aquí)

Ayer comentábamos algunos aspectos relacionados a nuestra forma de reaccionar ante las crisis como humanos que somos. Pero llegados al punto álgido de por qué a mí, por qué Dios permite que sufra, la autora nos reta con la siguiente frase: “puede ser más enriquecedor darnos cuenta de que solos no podemos y que debemos mirar más arriba en busca de otras fuentes de ayuda más eficaces” (página 100) . Por lo tanto, la crisis acaba por convertirse en algunos casos en el vehículo que Dios usa para que nos acerquemos más a EL. Pasemos, pues, a revisar las diez realidades bíblicas sobre las crisis.

Realidad 1: Dios permite la crisis “Este hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal” (Job 1:1b). Dios tiene un plan para cada uno de sus hijos, pero nuestra capacidad de análisis ante el sufrimiento solo se queda en lo superficial. Solo cuando ha pasado la crisis, podemos observar los beneficios, con temor, temblor y reverencia, que Dios nos proporcionó durante el sufrimiento.

Realidad 2: Dios está en la crisis “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”  (Isaías 43:1) A lo largo de la Biblia, cuando se quiere expresar el poder de Dios , se ponen ejemplos de su control en la naturaleza. Por ejemplo, cuando el Señor Jesús calmó la tormenta. Por este motivo, no es casualidad que en nuestra vida usemos la metáfora de la tormenta en nuestra vida para las crisis por las que pasamos.

Realidad 3Dios escucha en la crisis “¿Está alguno de vosotros afligido? Haga oración” (Santiago 5:13) Es un consuelo saber que Dios nos escucha y presta oído a nuestro clamor. La oración, esa conversación con Dios, es la herramienta insignia de la vida cristiana. Reconozcamos Su Soberanía, El es Todopoderoso, acerquémonos con confianza y fe en medio de las lágrimas quizás para contar a Dios nuestro sufrimiento o el de nuestros seres más queridos como nuestra pareja o hijos, familiares o amigos.

Realidad 4: Dios habla en la crisis “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré  osas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3) Dios siempre está interesado en comunicarnos con nosotros; El escucha nuestras oraciones, conoce nuestro corazón y comprende nuestro clamor.

Realidad 5: Dios provee generosamente en la crisis y según su absoluta sabiduría  “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas (…) a él sea la gloria” (Efesios 3: 20 – 21) La gracia de Dios queda manifiesta y sobrepasa nuestro entendimiento. Dios cumplirá Sus promesas, responderá nuestras súplicas, siempre dentro de Su voluntad, Su misericordia y Su generosidad.

Realidad 6:  Dios orienta nuestra mirada hacia lo verdaderamente importante durante la crisis “Una cosa he demandado al Señor , ésta buscaré; que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para inquirir en su templo” (Salmos 27:4) Una consecuencia inevitable durante la crisis es la preocupación; somos incapaces de evitarlo. Pero Dios en su infinito amor y gracia, nos sigue invitando a que confiemos en El, y que si hay preocupación que sea por estar cerca de El.

Realidad 7. Dios protege en la crisis “Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas; le protegerá todos los huesos y ni uno solo le quebrarán” (Salmos 34: 19, 20) La consecuencia de nuestras malas decisiones trae consigo sufrimiento. Por lo tanto, si sufrimos puede ser que estemos ausentes de Dios. Todas las crisis suponen un desgaste físico y mental inigualable, por este motivo, debemos recurrir a Dios para recibir su misericordia, protección y gracia.

Realidad 8:  Dios controla constantemente las circunstancias en la crisis.  “Vida y misericordia me concediste; y tu cuidado guardó mi espíritu” (Job 10:12) Dios tiene puesta su atención en cada uno de nosotros, no nos abandona, no se ausenta. Aunque a veces dudamos del favor y la gracia de Dios y por eso nos sentimos solos, sin solución. En esos momentos es cuando debemos sacar fuerzas y hacer el balance y análisis de lo que nos está pasando y querer confiar en la presencia y protección de Dios en medio del sufrimiento.

Realidad 9: Dios usa la crisis para enseñarnos, moldearnos “mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, el mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y  establezca” (1 Pedro 5: 10) Entonces las pruebas, las crisis, el sufrimiento no es un periodo vacío sin sentido. En ese periodo si confiamos en Dios, si pedimos su protección, si logramos analizar la situación sin tomar decisiones equivocadas, estaremos madurando, creciendo, aprendiendo que nuestra vida diaria está en consonancia perfecta con Dios.

Realidad 10 El fin de la crisis es glorificar a Dios en ella  “Invócame en el día de la angustia, yo te libraré y tú me honrarás” (Salmos 50:15) Empezábamos esta reseña diciendo que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. No es más que este: nuestro propósito como cristianos es glorificar a Dios, Y por raro que lo parezca también durante una crisis. Se espera de nosotros que aprendamos en los momentos buenos y malos a honrar a Dios.

Este nuevo viaje en la reseña de un nuevo libro ha terminado. No obstante, quiero dejaros aquí con un poema anónimo. Podemos tomarlo como una metáfora, un ejemplo o una realidad. Lo cierto es que cada uno de nosotros podemos vernos identificados.

Nilda

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Las crisis, libro por Lidia Martín

Las Crisis, escrito por Lidia Martín (Libro)

Diez realidades bíblicas sobre las crisis
En esta ocasión, nos acercamos a un libro escrito por la psicóloga Lidia Martín, publicado por Ediciones Andamio. En este libro llamado “Las Crisis, Diez realidades bíblicas sobre las crisis”, encontramos la perspectiva humana sobre el sufrimiento durante una crisis, nuestra participación humana para resolverlas o superarlas o sobrellevarlas con nuestra conducta, nuestras emociones, nuestro  raciocinio y los aspectos físicos de la propia crisis. Toda esta especie de preámbulo nos va preparando para el descubrimiento que la presencia divina de Dios nos acompaña durante todo el proceso de una crisis. ¿esto significa que Dios permite una crisis? En las propias palabras de la autora “la gran oportunidad de la crisis está siempre, para el cristiano y el no cristiano, en encontrarse frente a la realidad de su debilidad y ante la irrevocable verdad de un Dios Todopoderoso que está por encima de cualquier circunstancia. Es en nuestra necesidad donde Él se hace fuerte y somos más conscientes de nuestro papel, de Su papel” (p. 101)

La mayoría de nosotros ha pasado por alguna crisis en algún momento de nuestra vida, por este motivo, no vamos a enumerar la significación que nos aportan los profesionales especializados. Resumamos diciendo que la crisis es una situación que nos coloca de forma temporal en una falta de capacidad para su solución por los recursos que usamos o no usamos, donde nuestro entorno queda resquebrajado y nuestra capacidad para valorarla puede ser optimista o pesimista. La autora nos ofrece en detalle tanto los factores de riesgo como la categorización de las crisis que podemos sufrir en diferentes etapas de nuestra vida. Cualquiera de nosotros no podrá evitar identificarse con al menos alguno de los factores (edad, baja autoestima, experiencia temprana de frustración, soledad, etc) o no podrá evitar evocar algún recuerdo por crisis evolutiva o inesperada. Lo cierto es que como muchas veces y en muchos casos, la presencia del núcleo familiar es preponderante para dar cobijo; pero sobre todo, lo primordial es no subestimar una crisis.


En consecuencia, nos ponemos a buscar soluciones sin antes percatarnos ni analizar en profundidad lo sucedido o lo que es peor acabamos más sumidos en la desesperación y la desesperanza de que nuestro sufrimiento nunca va a desaparecer. En este libro, su autora nos ayuda a aclarar conceptos y realidades. Os invito a que podáis leerlo detenidamente, ya que podemos pensar que es un tratado de más de quinientas hojas; sin embargo, este libro nos espera con menos de ciento cincuenta páginas en una narrativa sencilla de seguir y donde párrafo a párrafo vamos recordando, superando o afrontando el dolor sufrido durante una crisis. Aquí solo os mostramos una pequeña reseña del mismo. Volviendo a la intervención humana ante las crisis. Para contrarrestar nuestros pensamientos, emociones y  conducta de pasividad, de normalidad o de evitación, tenemos que buscar recursos de pensamiento positivo inteligente, contar con personas de nuestro entorno cercano, buscar soluciones marcando las circunstancias de la crisis y las ventajas y desventajas en la toma de cierta decisiones, buscar afrontar la crisis con el apoyo de la religiosidad manifestada en la fe, ya que esta última es una forma activa de afrontamiento. 

Otra parte importante que debemos mencionar es nuestra intervención en los aspectos físicos ante la crisis. Esto tiene que ver desorden alimenticio, del sueño, el stress, nuestra actividad fisiológica y el peligro ante el uso de sustancias. Sobre todo, seamos conscientes que los mínimos hábitos de una vida sana son primordiales. Nuevamente la autora nos recuerda la necesidad de la presencia de personas cerca de nosotros, aquellas en las que podemos confiar porque nos apoyan, aunque deseemos alejarles de nosotros. Entonces, cómo vamos a contrarrestar todas estas circunstancias, queridos amigos lectores, mañana podremos aprender que en el proceso del dolor y del sufrimiento la asistencia y misericordia de Dios nos está esperando porque  tiene un plan para cada uno de nosotros. 

(Nota editorial: mañana publicamos la segunda parte)

Nilda

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No hay fórmulas mágicas para el dolor

Nota de la editora: una publicación de hace tiempo pero es muy relevante en estos momentos en que muchos van perdiendo seres queridos. Que este texto os pueda ayudar mientras pasáis por este momento difícil.

De parte de la asociación Decir Adiós en su celebración pasada de las jornadas de formación ´Acercamiento a la muerte´

Gina Campalans, de 56 años, perdió a su hijo mayor, David, hace ocho años. Sufrió, vivió con dolor mucho tiempo, pero aprendió a vivir echándole de menos. Años después decidió crear, con la ayuda de la Fundación Abel Matutes y de su amigo Bruno Reymond, la asociación Decir Adiós para ayudar a otras personas a afrontar la muerte de un ser querido.

¿Se puede aprender a decir adiós?
—Sí, no es fácil, pero se puede. Tenemos que aprender a vivir sin esa persona. El camino del duelo es nuevo, desconocido, y cada uno lo transita como puede.

—¿Cómo se aprende?
—El tiempo no lo cura todo. No es el tiempo el que hace que te recuperes de la muerte de un ser querido. Hace falta un trabajo personal. Depende de la actitud que tengas. Necesitas querer superar ese momento, poner de tu parte.

—¿La gente pide una fórmula milagrosa para que no duela?
—Desde el principio aclaramos que no hay fórmulas mágicas. El duelo es tremendamente doloroso y es peligroso refugiarse en sustancias porque pueden cronificarlo. Hay que atravesarlo. Hay que llorar, cuidarse y aprender a vivir sin esa persona. La vida continúa. Tenemos que seguir duchándonos, haciendo la compra, ocupándonos de la familia, etc

—¿Qué señales alertan de que un duelo no es normal?
—Hasta el deseo de morir cuando el dolor es insoportable, de irse con la otra persona, de no encontrar sentido a la vida sin ella, es normal durante un tiempo. Si transcurren seis meses y todos estos pensamientos persisten, hay que pedir ayuda a un profesional.

—¿Tener gente alrededor en esos momentos ayuda o molesta?
—La soledad es imprescindible para encontrarte con tu propio dolor, escuchar a tu corazón, tus pensamientos, llorar y sentirte triste, pero hay que hallar el equilibrio. El aislamiento es peligroso. Hay que dejar que los que nos rodean nos ayuden. A mí me ha ocurrido, había gente en casa y necesitaba estar sola, pero hay que dejar que los demás nos muestren su cariño.

—¿Hay buenas intenciones que hacen daño?
—Sí, muchas. Hay frases demoledoras. ´No te preocupes, tendrás otro hijo´. ´Era la voluntad de Dios´. ´Ha pasado a un lugar mejor´. ´Eres fuerte, lo superarás´. Mejor que estuvieran callados.

—¿Mejor un abrazo que una palabra?
—Robert A. Neimeyer, un psicólogo, decía que tres ´A´ son la clave de la ayuda a una persona en duelo: el amor, los abrazos y el azúcar.

—¿El azúcar?
—Sí. No sé el efecto que tiene, pero dicen que es estimulante.

—¿Hay duelo sin depresión?
—Sí. El duelo no es una enfermedad, pero puede derivar en patologías. La tristeza, la falta de ilusión, puede parecer una depresión, pero forma parte del proceso, no es una depresión. Hay que diferenciar una depresión de un duelo, pero un duelo mal elaborado puede derivar en una depresión.

—¿Un grupo de apoyo ayuda?
—Poner palabras al dolor ayuda a empezar a curarlo. La única manera de sanar el duelo es atravesándolo. Y la mejor forma de hacerlo es expresando los sentimientos que surgen: dolor, tristeza, ira, culpa, vergüenza, añoranza, incredulidad, etc. Las personas que mejor nos comprenden son las que han pasado por esa situación y que no nos juzgan cuando, pasado un tiempo, seguimos estando tristes o enfadados.

—¿Se llora mucho en los grupos de apoyo?
—Muchísimo. Se invierte mucho en pañuelos. El otro día me llamó una madre que acaba de perder a su hija. Estuvo al teléfono diez minutos. Solo lloró. Estoy segura de que saber que al otro lado había alguien escuchándola era terapéutico. Para mí lo era.

—¿Cuándo se sabe que ese dolor tiene un final?
—Hay un momento en el que la vida te vuelve a ilusionar. Vuelves a querer quedar con los amigos, salir a cenar, ver una película, disfrutar de un atardecer, etc. La propia vida te dice que estás dejando atrás ese dolor, te anima a seguir.

—¿Da miedo volver a pasar por eso?
—Yo no solo perdí a mi hijo, también a mis dos hermanos pequeños. ¿Miedo? Yo no lo he tenido, pero imagino que habrá gente que sí. La mayoría de las personas creemos que esto es algo que le pasa al vecino, pero no a nosotros porque nuestra cultura no aborda la muerte con naturalidad. He estado en África, en Mozambique, y en miles de familias faltan hijos. No diré que no sufren la muerte de sus hijos, pero la viven con más naturalidad. En nuestro mundo el impacto es mayor. De hecho, alejamos a los niños de todo lo relacionado con la muerte.

—¿Cómo pasa un niño un duelo?
—Depende del apoyo que tenga. A un niño hay que transmitirle la verdad con sencillez, naturalidad y con palabras que pueda entender. Si no se le engaña, no se le esconde lo que está sucediendo y se vela durante el tiempo que va a tener que enfrentarse a que mamá, papá o un hermano no va a volver, podrá atravesar el duelo de forma sana. No hay que engañarles. Nunca. Ni decirles que esa persona se ha dormido o que está enferma porque cuando estén enfermos pueden pensar que se van a morir o tener miedo a cerrar los ojos. Es importante no convertir en un tabú la muerte de esa persona, recordarla. En muchas familias el dolor es tan grande que se borra a esa persona, no se habla de ella y se quitan las fotos.

—¿La gente se siente culpable por reír o pasárselo bien?
—Sí. En los grupos de apoyo ayudamos a que la gente se permita disfrutar de la vida. Muchos padres se sienten culpables porque piensan que su hijo ya no puede hacerlo. Los momentos de dolor van a venir quieran o no. Ver una película, charlas con los amigos o tomar un café y reírse un rato, es sanador, necesario e imprescindible.

—¿El dolor desaparece?
—Sí. Aminora y llega a desaparecer. Recuerdo haber sufrido tanto que pensaba que jamás podría continuar, pero el dolor desaparece. Hay momentos, un comentario, una música, que te recuerdan a esa persona y vuelves a sentir casi el mismo dolor que entonces. Pero puedo garantizar que el dolor pasa.

Gina

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El cuidado personal durante la cuarentena

Hola!  Me llamo Sarah, soy hija de Mara, y me hace ilusión poder compartir hoy por aquí. Vivo en Alcalá, soy profe de inglés y traductora. Y como la mayoría de los que me estáis leyendo, estoy de cuarentena.

Es un tiempo muy extraño, muchas veces triste. Gracias a Dios, estoy bien de salud y mi compañera de piso también. Pero pensamos mucho en los que no lo están. Este tiempo me está haciendo reflexionar mucho. 

Seguramente como para muchos de vosotros, encontrar un ritmo estos últimos días ha sido difícil. Sé que para muchos el estar en casa no significa que tengan tanto tiempo libre, si tienes hijos, quizás tienes más trabajo ahora que tienes que ayudarles con los estudios. O ves que te está costando poner los límites adecuados en el mundillo del tele-trabajo.

En lo profesional, acabo de terminar un proyecto de traducción, que me ocupó bastante tiempo estos últimos meses. A parte de eso, estuve preparando las clases de inglés que doy en un cole que obviamente se cancelaron cuando se cerraron todos los centros. Así que cuando nos pusimos de cuarentena, de la nada, me encontré con bastante tiempo libre.  

Decidí que quería aprovechar estos días y dedicar tiempo a lo más importante. Obviamente, mi salud física, pero también mi salud espiritual, emocional y mental. Los primeros días no tuve mucha rutina, dije que me venía bien descansar y hacer un poco lo que me daba la gana.  Pero a los pocos días me di cuenta de que esto son circunstancias muy especiales, que no son vacaciones, y que quedarme en casa sin tener rutina no me ayudará a largo plazo con mi salud.

Si soy honesta, la incertidumbre de esta cuarentena y triste realidad de muchos me baja los ánimos si no tengo cuidado. Entonces, con mi compañera de piso, decidimos ponernos una rutina. Nada drástico, pero unas pautas para levantarme con un poco más de propósito. Decidí ponerme una meta en este tiempo: acercarme a Dios y cuidar mi salud. Y elegí cosas concretas y prácticas que me ayudan a cumplir con esta meta. 

Yo tengo los siguientes apartados, pero puedes elegir los que quieras, ya que cada una tenemos nuestras circunstancias diferentes:

1) Agua

2) Ejercicio 

3) Cuidado personal

4) Amigos

5) Familia

6) Música 

7)Trabajo

8) Lectura 

9) Escritura 

Para mí, hacer un poco de cada apartado cada día me mantiene en buen ritmo durante el día y me da la oportunidad de aprovechar este tiempo y de cuidar mi salud. No siempre cumplo cada apartado, pero es importante apuntarlo para que te motive y mantener el ritmo. Adjunto una foto de mi tabla.

 1) Agua. Me apunto los vasos de agua que bebo con puntitos (suena tontería pero es que si no, se me olvida beber agua!!) 

2) Ejercicio. Apunto la sesión de ejercicio del día (estamos siguiendo un plan con una mezcla de HITT,  Zumba y Yoga en youtube). 

3) Cuidado Personal. En esta columna elijo algo que me haga sentir bien. Un día me pinté las uñas, otro una mascarilla para el rostro, y también para el pelo.

4-5) A parte de esto, intento hablar por videollamada o mensaje con al menos un familiar o un amigo al día. Ya que no podemos vernos en persona, es importante para todos seguir manteniendo las amistades y comunicación! 

6) La música. Esto me ha ayudado bastante a centrarme y luego anoto una canción que me haya inspirado de alguna forma. También he aprovechado para escuchar música diferente. 

7) En el apartado de trabajo, anoto cosas que tengo que hacer para seguir avanzando en proyectos, como buscar algunos recursos para algunas clases.

7 y 8) La lectura y la escritura, que para mí ¡son imprescindibles! No me estoy estresando por ser super productiva ni por terminarme muchos libros, si no de leer lo que pueda y utilizar la lectura para que me ayude a relajarme, pensar y reflexionar. Escribir estos días me ha ayudado a procesar mis pensamientos y sentimientos y todo lo que está pasando. Intento publicar algo en Instagram, y en mi cuaderno personal. 

Lo importante para mí en este tiempo es acercarme a Dios, leer la Biblia y pasar tiempo orando. Lo bueno de la oración es que se puede hacer de tantas formas; hablando normal, escribiendo, pintando, cocinando. Así que estoy aprendiendo a ser más creativa en la forma en que me comunico con Dios, y aprovechando este tiempo de silencio para escucharle y descansar en Él. 

Espero que estos consejos os hayan servido de alguna forma. Sé que para muchas de vosotras, tenéis muchos más apartados como cuidar a los hijos, estudiar, escribir una tesis o terminar proyectos profesionales importantes. Aún así, ¡os animo a elegir una o dos cosas que podáis hacer para cuidaros en este tiempo!  Hay días que no cumplo  todo, lo importante es mantener el ritmo para que este tiempo en casa sea de descanso y crecimiento personal. 

Os dejo la receta de una mascarilla hidratante de pelo que me gustó mucho. No soy muy estricta con las medidas, pero tengo el pelo bastante largo y denso, así que añadí unas cucharas más de aceite de coco.

3 cucharas de aceite de coco (puede ser de oliva si no tienes de coco)

2 cucharas de miel 

4 gotitas de aceite esencial de lavanda

2 gotitas de aceite esencial de naranja

Mézclalo, y masajea tu pelo con la mezcla. Cuidado con masajear mucho las raíces,  pues será más difícil de sacarlo por el aceite. Cuando termines de pasarlo por el pelo, hazte un moño y envuelve tu pelo en una toalla. Cógete un libro y descansa por 30 minutos. Después de los treinta minutos, aclara bien tu pelo con agua y lávalo normal con champú y acondicionador. Aclara bien tu pelo, y después de terminar la ducha, aclara tu pelo con agua fría. 

Muchas gracias por leer y mucho ánimo. 

Sarah

Crecimiento Personal

Un poema para la pandemia

Y de repente despertamos un día y todo cambió, en Disney se apagó la magia, la muralla china no era tan fuerte, ahora New York si duerme, y ningún camino quiere conducir a Roma, un virus se corona como dueño del mundo y nos dimos cuenta de nuestra fragilidad, no sabemos si el daño es a propósito o irresponsabilidad de nosotros mismos, pero la amenaza está ahí cada día más fuerte, ya los memes no causan tanta risa, los abrazos y los besos se transformaron en armas peligrosas y la escasez de productos nos demuestra una vez más lo egoísta que somos, tan egoístas que decimos “no hay problema este virus solo se lleva a los viejitos” como si no tuviéramos a nuestros padres o como si no fuéramos a llegar nunca ahí. Queremos hacer valer nuestros “derechos” de decidir si dejar vivir o no a otro y ahora nos damos cuenta que no podemos ni decidir por la vida de nosotros, un planeta que hoy se pone una máscara no solo para un virus sino para tapar nuestra vulnerabilidad mezclada con soberbia y se lava las manos para no reconocer nuestra responsabilidad tal como un pilato.

Sí, hay miedo. Sí, hay aislamiento. Sí, hay compras de pánico. Sí, hay enfermedad. Sí, incluso hay muerte.

Pero, dicen que en Wuhan después de tantos años de ruido puedes escuchar a los pájaros de nuevo.

Dicen que después de unas pocas semanas de silencio el cielo ya no está lleno de humos. Pero azul, gris y claro.

Dicen que en las calles vacías de Assisi la gente está cantando desde sus casas y sus balcones manteniendo sus ventanas abiertas
para que los que estén solos puedan escuchar las voces de las familias a su alrededor.

Dicen que un hotel en el oeste de Irlanda ofrece comidas gratis y las entrega a domicilio.

Hoy una joven que conozco está ocupada repartiendo por el barrio volantes con su número de teléfono para que los ancianos puedan tener a alguien a quien llamar.
Hoy iglesias, sinagogas, mezquitas y templos
se están preparando para dar la bienvenida
y proteger a los desamparados, enfermos y cansados.

En todo el mundo la gente se está desacelerando y reflexionando.
En todo el mundo, las personas miran a sus vecinos de una manera nueva.
En todo el mundo la gente está despertando a una nueva realidad. A lo grande que realmente somos. A qué poco control tenemos realmente. A lo que realmente importa ..AMAR.

Entonces rezamos y recordamos que
Sí, hay miedo …pero no tiene que haber odio.
Si, hay aislamiento …pero no tiene que haber soledad.
Sí, hay compras de pánico …pero no tiene que haber egoísmo.
Sí, hay enfermedad …pero no tiene que haber enfermedad del alma.
Sí, incluso hay muerte …pero siempre puede haber un renacimiento del amor.

Despiértate eligiendo como vivir hoy.
Hoy respira, haz una pausa y escucha detrás de los tormentos de tu miedo.

Los pájaros cantan de nuevo, el cielo se está despejando, la primavera está llegando, y siempre estamos rodeados de amor.
Abre las ventanas de tu alma y aunque no puedas pisar la calle vacía …Canta. 

Fr. Richard Hendrick, OFM
Marzo 13, 2020

todo lo bueno y perfecto que se nos da, viene de arriba, de Dios, que creó los astros del cielo. Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni oscurecimientos.

Santiago 1:17

Equipo Dulce Fragancia

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Un salmo en la epidemia: la confianza triunfa sobre el miedo

Reproducimos este texto de Pablo Martinez Vila, para Protestante Digital

El Salmo 91 ha infundido aliento y paz a millones de creyentes en el fuego de la prueba. Su mensaje es muy relevante a nuestra situación actual de epidemia.

“El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová: «Esperanza mía y castillo mío;  mi Dios, en quien confiaré.»

El Salmo 91, también llamado el “Himno triunfal de la confianza”, es una joya. Ha infundido aliento y paz a millones de creyentes en el fuego de la prueba. Según algunos comentaristas fue escrito en medio de una epidemia de peste (2 Samuel 24:13). Podrían ser circunstancias similares a las que estamos viviendo hoy. Su mensaje, por tanto, es muy relevante a nuestra situación actual de epidemia.

Vivimos días de ansiedad e incertidumbre. El mundo entero está con miedo. De pronto hemos tomado conciencia de la fragilidad de la vida. ¿Qué pasará mañana? La fortaleza en la que el hombre contemporáneo se creía seguro se ha tornado debilidad,  hay grietas en la roca y nos sentimos vulnerables. La gente busca un mensaje de serenidad y tranquilidad. ¿Dónde encontrarlo?

El mensaje del salmo 91 se resume en una frase: la confianza triunfa sobre el miedo. El salmista nos presenta tres frases clave que resumen el “trayecto” dese la ansiedad-miedo hasta la confianza:

  • “Mi Dios”:  lo que Dios es para mí
  • “Él te librará”: lo que Dios hace por mí
  • “Confiaré”: mi respuesta

1. “Mi Dios”: el carácter de Dios

El salmo empieza con una deslumbrante descripción del carácter de Dios. Hasta cuatro nombres distintos se mencionan en los dos versículos iniciales para explicar quién y cómo es Dios. ¡Formidable pórtico de entrada a la confianza! Para el salmista, Dios es el Altísimo, el Todopoderoso, el Señor (Yahweh) y el Dios Sublime.

La conciencia de la grandeza de Dios es el cimiento de nuestra confianza.  Podríamos parafrasear el refrán y afirmar  “dime cómo es tu Dios y te diré cómo es tu confianza”. En la hora del temor el primer paso es alzar los ojos al cielo, mirar a Dios y contemplar su grandeza y su soberanía.  Al hacerlo, el salmista experimenta que Dios es su Abrigo, su Sombra, su Esperanza y su Castillo. El retrato de Dios en “cuatro dimensiones” conlleva una bendición cuádruple. Conocer cómo es Dios realmente es un paso imprescindible en el trayecto hacia la confianza.

Notemos, sin embargo  que el salmista se refiere a Él como MI Dios. Esta pequeña palabra  “mi” nos abre una perspectiva singular y cambia muchas cosas: el Dios del salmista es un  Dios personal, cercano, que Interviene en su vida y se preocupa por sus temores y necesidades. Estamos ante uno de los rasgos más distintivos de la fe cristiana: Dios  no es sólo el Todopoderoso, el creador del Universo, sino también el Padre íntimo, el Abba (“papá”) que me ama y me guarda (Gal. 4:6). Éste es nuestro gran privilegio: Dios nos trata como un padre a su hijo porque en Cristo somos hechos hijos adoptivos de Dios. El salmista describe esta vivencia con una preciosa metáfora:

“Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro” (v. 4)

2. “Él te librará”: la providencia de Dios

 “Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora, escudo y protección es su verdad. No temerás…ni a la pestilencia que ande en la oscuridad, ni a mortandad que en medio del día destruya…. No te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada” (v. 3-6,10).

Llegamos al corazón del salmo: la protección de Dios en la práctica. La conciencia de la grandeza de Dios ha de ir acompañada de la conciencia de la providencia de Dios.  Estamos ante un punto crucial, decisivo en la experiencia de fe. Si lo entendemos bien, será una fuente insuperable  de paz y serenidad, pero si lo malinterpretamos podemos caer en errores y extremismos, o sentirnos frustrados con Dios.

La manipulación del diablo. Es muy significativo que el diablo tentó a Jesús (Mt. 4: 6, Lc.4) con una doble cita de este salmo: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden… En las manos te llevarán para que tu pie no tropiece en piedra.” (v.11-12). Usar mal las promesas de la protección divina es una tentación vigente hoy. ¡Cuidado con la súper espiritualidad  y la súper fe! Puede ser una forma de tentar a Dios como nos enseña la contundente  respuesta de Jesús a Satanás: “No tentarás al Señor tu Dios” (Mt. 4:7). Confiar en Dios no nos exime de actuar de forma responsable y sabia.

Dicho esto, no podemos minimizar la potente acción protectora de Dios sobre los que en Él confían:

«Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; lo pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia, lo libraré y lo glorificaré” (v. 14-15).

¿Una póliza a todo riesgo? La palabra clave es “librar”. ¿Qué significa “Dios te librará”?  La misma expresión se aplica a José -“Dios le libró de todas sus tribulaciones” (Hc. 7:10), y sin embargo el patriarca tuvo que pasar por muchos valles de sombra y de muerte. Dios no le evitó la prueba, pero  le rescató de ella. Como dijo Spurgeon, “es imposible que ningún mal acontezca a los que son amados por Dios”. La fe no garantiza la ausencia de la prueba, pero sí la victoria sobre la prueba. El apóstol Pablo desarrolla esta idea de forma majestuosa en el cántico de Romanos 8:28-39: “en todas estas cosas (pruebas) somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó, Cristo”.

Así pues, la fe en Cristo no es una vacuna contra todo mal, sino una garantía de total seguridad, la seguridad de que “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom. 8:31).  Este salmo no es una promesa de completa inmunidad, sino una declaración de plena confianza. Confianza en la protección de Dios expresada de tres maneras.

La triple “C” de la protección de Dios. En toda situación de prueba,    

  • Dios conoce   
  • Dios controla
  • Dios cuida (de mí)

En la vida de los hijos de Dios nada ocurre sin su conocimiento y su consentimiento. El azar no existe en la vida del creyente. La providencia majestuosa del Dios personal resplandece en los momentos más oscuros: “Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegarán”. Nada sucede si Él no lo permite, como vemos tan vívidamente en la experiencia de Job. Esta promesa viene ratificada por el Señor Jesús mismo:   

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 6:15-16, Lucas 12:6-7).

3. Mi respuesta: “Confiaré”

Después de contemplar el carácter de Dios -lo que Él es para mí- y su providencia  -lo que Él hace en mi vida – el salmista exclama con firmeza: “Mi Dios en quien confiaré”.

Es una secuencia lógica. La confianza es la respuesta a unas evidencias. El salmista ha conocido a Dios de forma personal, íntima –“por cuanto ha conocido mi nombre” (v. 14). Tal conocimiento le lleva a enamorarse de Él –“en mí ha puesto su amor” (v.14) y se establece una relación estrecha. Ahí tenemos, por cierto, el meollo de la fe cristiana: es la confianza que nace de una relación de amor, la certeza de que el amado no me va a fallar porque “Él (Dios) es fiel”.

Nuestra vida no está a merced de un virus, sino en manos del Dios todopoderoso.  Ahí radica la certidumbre de nuestra fe y el cimiento de la confianza que vence todo temor. No hay lugar para el triunfalismo, pero ciertamente hay triunfo. Es el triunfo que Cristo nos aseguró con su victoria sobre el mal y el maligno en la Cruz. Es el mismo Cristo cuyas últimas palabras fueron:

“Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20)