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Este hábito dará grandes beneficios a tu vida

Nota de la editora: más que nunca, practiquemos este hábito. Durante este tiempo de cuarentena, busquemos el valor de lo que de verdad es importante: familia, amigos, salud, relaciones personales, – y seamos agradecidas. Os dejamos con Wendy:

Cuando sabemos que hacer algo nos produce beneficios, normalmente somos más propensos a incorporar ese algo a nuestra vida, o por lo menos lo intentamos. Y por esta razón quiero hoy darte algunas razones de por qué es bueno dar gracias, ¿qué ganamos tú y yo con eso, a nivel personal?

Voy a comenzar por compartirte los resultados de un estudio realizado, nada muy complicado ni estadístico, ¡al contrario!

Se dice que las personas agradecidas:

Tienen menos estrés y depresión.
Avanzan hacia las metas personales importantes. Tienen niveles más altos de decisión y energía
Se sienten más cerca en sus relaciones personales y tienen el deseo de construir relaciones más fuertes
En ellas la felicidad aumenta en un 25%.

¡Solo con esto ya tenemos motivos suficientes!, ¿no es cierto? Pero quiero ir un poco más allá y darte otros motivos para inspirarnos a ti y a mí, que queremos vivir como Dios diseñó, a buscar una vida de gratitud.

Dar gracias genera confianza. Cuando pensamos en lo que Dios ha hecho en nuestras vidas en las diferentes etapas; en la provisión que nos ha dado cuando no sabíamos de dónde vendría el sustento necesario; etc., y le damos gracias, estamos recordándonos a nosotros mismos que el Dios que lo hizo ayer, lo hará hoy y lo hará mañana. Y así crece nuestra confianza. No por gusto Dios les decía a los israelitas que construyeran monumentos que les recordaran lo que él había hecho, como sucedió por ejemplo cuando cruzaron el río Jordán. Dios sabe que tenemos un problema de memoria, y recordar lo que él ha hecho fomentará nuestra confianza. Cuando recordamos con acción de gracias nuestra fe se hace grande. Alguien dijo que “la cualidad principal de un discípulo que confía es el agradecimiento”.

Dar gracias produce alegría. Es imposible estar agradecido y deprimido a la misma vez. Cuando damos gracias, reconocemos el favor de Dios sobre nuestras vidas y nos enfocamos en su bondad y en toda la bendición que tenemos. Tal es así que en el idioma hebreo, por ejemplo, la palabra gratitud muchas veces lleva una connotación de alabanza, canto. Cuando nuestros corazones se llenan de gratitud hacia Dios, no debe haber lugar para la tristeza.

Dar gracias nos hace más parecidos a Jesús. Cuando de corazón damos gracias a Dios, y a los demás, aprendemos a ser más humildes. Reconocemos que todo lo que somos y tenemos es en primer lugar el producto del favor de Dios. ¿Sabías que eso es lo que quiere decir dar gracias en griego, el idioma del Nuevo Testamento? La palabra griega es ‘eucharisteo‘ y uno de sus significados es ser conscientes del favor de Dios. Cuando tomamos conciencia del favor de Dios, nuestro corazón se viste de humildad. Y fue el mismo Jesús quien dijo: “…aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón”. Si me permites una definición más, esto es lo que dice la Real Academia sobre la humildad: Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Dar gracias nos recuerda nuestras limitaciones y nos dirige la mirada hacia la omnipotencia de Dios.

Así que dar gracias también tiene estos tres beneficios para nuestras vidas. Tal vez nunca lo habías visto de esta manera. ¿Te animas a asumir como estilo de vida una vida de gratitud? De hecho, es en realidad un mandato de Dios: “den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18, cursivas de la autora).

Y ofrecer gratitud a Dios es una manera de honrarle (Salmo 50:23).

Bendiciones,

Wendy

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal

Consejos para vivir en medio del caos

En un mundo de tanto estrés e inestabilidad, es muy fácil ir con la corriente y convertirnos en un manojo de mujeres nerviosas y temerosas. Sin embargo, nada más lejos del diseño de Dios. Eso no es lo que nuestro Padre amoroso quiere para ti y para mí. El caos seguirá rodeándonos por todas partes, nuestra manera de reaccionar marcará toda la diferencia.

¿Qué hacer entonces? Hoy quiero compartir contigo algunas lecciones que he aprendido en mi caminar con Jesús.

  • Nuestra paz no viene por un cambio de circunstancias, nuestra paz es una persona, Jesús, y por tanto viene al conocerle. Cultiva cada día tu relación con él.
  • Sé selectiva al escuchar. Las malas noticias son lo que produce el sustento a la mayoría de las cadenas noticiosas pero no son el alimento para una mujer de Dios. Si les seguimos la rima, acabaremos escondidas debajo de las sábanas.
  • Cuando el temor saque la cabeza, acude a tu arsenal de promesas de Dios. Si dejas que asome más que la cabeza, le darás oportunidad de apoderarse de ti; si lo atacas desde el principio, la batalla estará ganada.
  • Pon tus reacciones bajo el control del Espíritu Santo. No podemos controlar lo que sucede, en la mayoría de los casos, pero sí cómo reaccionamos.
  • El negativismo es muy contagioso, rodéate de personas que te hagan reír y recordar que Dios te ama, sea lo que sea.
  • Camina, contempla la creación, respira profundo y da gracias por la belleza que nos rodea. Este simple acto nos hace recordar que estamos vivas y eso por sí solo es un regalo de Dios.
  • Canta, alaba. No importa si eres afinada o no, ni si tu voz es digna de una compañía de óperas. Cuando alabamos a Dios dejamos de pensar en las circunstancias y nos enfocamos en aquel que controla toda circunstancia.    
  • Dedica tiempo a las relaciones humanas. No hay nada que las pueda sustituir. Dios nos hizo para vivir en comunidad.
  • Memoriza la Palabra de Dios. Aquello que llene tu mente, llenará tu corazón.
  • Lee un buen libro. La lectura nos enriquece, nos permite viajar con la imaginación y nos da la oportunidad de aprender sin mucho esfuerzo.
  • Usa la creatividad. Hay algo en este acto que produce una sensación de bienestar. No importa qué sea, desde un rico plato de comida, una manualidad, hasta algo para el hogar, el jardín o algún miembro de la familia.
  • Descansa. El cansancio es el peor enemigo de un buen estado de ánimo, tal es así que Dios nos mandó a descansar. Sé intencional en disfrutar el descanso. Tú no eres una máquina, eres una persona.

Espero que estos consejos sean de bendición para tu vida, y si así es, ¡compártelos con tus amigas!

Bendiciones,

Wendy

(Publicado originalmente en wendybello.com)

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Familia, Organización, Salud y Belleza, Uncategorized

7 maneras de vivir con intencionalidad

¿Sabías que en el siglo XXI estamos padeciendo de un problema general? Se llama falta de atención. Y no me refiero a la enfermedad desde el punto de vista clínico. No, me refiero al fenómeno que cada vez se expande más por la sociedad aplastada por el peso de la tecnología.

Varios estudios han demostrado cuánto ha disminuido la productividad de las personas porque sus cerebros están cambiando constantemente de actividad: correo electrónicos,  alerta de mensajería instantánea, mensajes de texto, varias ventanas abiertas en el navegador de internet y un ratón que hace clic aquí y clic allá, actualizaciones en Facebook, llamadas telefónicas… solo de pensarlo me agota pero sé que así vivo yo también.

El resultado de todo esto es primero, como dije, poca productividad. El famoso mito de la multitarea quita más de lo que da.  Muchas tareas comenzadas, pocas terminadas. Agotamiento físico y mental.

Y últimamente Dios ha estado llamando mi atención al respecto. Aparentemente estamos en muchas cosas y lugares a la vez, pero nuestra mente no está en ninguno. No de manera completa.

Esa no es la vida abundante que Dios quiere para ti y para mí. Una vida de torbellino, agotada, con la mente corriendo de aquí para allá, ese no es el plan de Dios. El plan de Dios es una vida con prioridades, una vida con paz en medio del caos, una vida en la que aprovechemos el tiempo. Pero aprovechar el tiempo no es hacer varias cosas a la vez durante el mismo período de tiempo sino vivir a plenitud cada período de tiempo…porque nuestros días son muy cortos en esta Tierra. El plan de Dios es que vivamos con intención. 

intención.(Del lat. intentĭo, -ōnis).f. Determinación de la voluntad en orden a un fin.

¿Qué vamos a determinar? Bueno, empecemos por hacer lo que leí una vez (lamento no recordar el libro): donde estemos, estemos allí 100%.  Y no me refiero solamente a un lugar físico, me refiero a la tarea que estemos haciendo, a la conversación que entablemos, etc.

Así que hoy te propongo otra lista de “7”, para vivir con intención la semana y ver qué tal nos va.

  1. Aparta al menos 30 minutos para darle tu atención completa a Dios. {Si esta meta es muy alta para empezar, dedica menos tiempo, pero con toda intención.} Ese será sin duda el momento más importante de tu día.
  2. Cuando tu esposo llegue a casa en la tarde, o los niños regresen de la escuela, conversa con ellos mirándoles a los ojos, escuchando de veras. No trates de combinar ese momento con otro para ganar tiempo. Estas son las personas más importantes en tu vida. Lo demás puede esperar.
  3. Besa y abraza. En la vorágine del siglo XXI hasta esto se ha vuelto escaso. Dicen los que saben que los matrimonios que se besan y abrazan todos los días, son más felices. Y los niños que reciben besos y abrazos de sus padres se sienten más seguros y queridos.
  4. Usa un reloj o temporizador. Dividir las tareas por tiempo ayuda a concentrarnos mejor. Veinticinco minutos es un buen número. Y al terminar los 25, toma agua, camina un poco, haz algo que implique cambio de actividad. Y vuelve a empezar con otros 25 minutos.
  5. Alimenta tu alma. Cambia un poco de televisión por un buen libro. Y si no eres de las que gusta mucho de la lectura {gracias de paso por dedicar unos minutos a esta}, entonces “escucha” un libro. Esta era de tecnología nos da esa ventaja. Leer, o escuchar, un buen libro nos desafía a pensar, y así ejercitamos el cerebro, que a fin de cuentas también es un músculo.
  6. Cuida de tu cuerpo. El templo del Espíritu. Sé que nos cuesta…a mí me cuesta. Pero somos responsables de él. ¿Media hora de ejercicios cada día es mucho? Comienza por menos, quizá tres veces por semana. El asunto es ser intencionales con los ejercicios, con lo que comemos.
  7. Cena en familia. Este es otro de los hábitos casi extintos de nuestra era post-moderna. Pero, ¿sabías que las familias que cenan juntas son más saludables emocionalmente? ¿Y que los hijos que cenan con sus padres son más abiertos y menos propensos a conductas dañinas? Los horarios a veces chocan, el tráfico nos demora, etc. Pero no es imposible. Si no todos los días, busca que sea la mayoría.

Podríamos añadir otras cosas, pero voy a empezar por estas siete. Sí, para mí misma. Tal vez tú las quieras hacer tuyas.

Quiero vivir con intención mis días y así traer al corazón sabiduría.

¡Esa es la vida que Dios diseñó!

Wendy

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal

El primer paso de una mujer eficaz

En 1989 Stephen Covey publicó por primera vez su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” que ha vendido más de 25 millones de copias. De esto hace ya 25 años, sin embargo, la gente lo sigue comprando. ¿Por qué? Porque todos queremos lograr el éxito en la vida y para eso necesitamos ser personas efectivas.

Sin embargo, se le atribuye a Albert Einstein haber dicho lo siguiente: Seguir haciendo las cosas de la misma manera y esperar obtener resultados diferentes es locura. Esa es la clave. No basta con desearlo, necesitamos hacer algo al respecto, de manera intencional, cambiar lo que hemos estados haciendo que no nos ha dado resultados.

Una de las cosas que he aprendido acerca de la efectividad es el valor de planificar. Necesitamos una estrategia. Básicamente esto responde a una pregunta, ¿cómo llego de donde estoy a donde quiero estar?

Jesús conversaba un día con sus discípulos (aparece en Lucas 14) y usó esta ilustración:

“No comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo? De no ser así, tal vez termines solamente los cimientos antes de quedarte sin dinero, y entonces todos se reirán de ti.  Dirán: “¡Ahí está el que comenzó un edificio y no pudo terminarlo!”.¿O qué rey entraría en guerra con otro rey sin primero sentarse con sus consejeros para evaluar si su ejército de diez mil puede vencer a los veinte mil soldados que marchan contra él? Y, si no puede, enviará una delegación para negociar las condiciones de paz mientras el enemigo todavía esté lejos.

Ser eficaz requiere que adquiramos el hábito de tener planes, y para planificar necesitamos comenzar por evaluar:

  • ¿Cómo está mi vida a nivel personal (salud física, emocional, espiritual), relacional, profesional, etc.? Tómate tiempo para hacer esta evaluación. Sé honesta. Pídele a Dios que te ayude a ver con claridad las respuestas.
  • ¿Cómo quiero que esté en el futuro? Si no hago cambios, ¿cómo será? Si sí los hago, ¿dónde estaré? De nuevo incluye los aspectos físicos, emocionales y espirituales y busca la respuesta de Dios.
  • ¿Qué cambios puedo hacer, cómo y en qué orden?  Dice Proverbios 21:15: “Los planes bien pensados y el arduo trabajo llevan a la prosperidad, pero los atajos tomados a la carrera conducen a la pobreza.” Para ser mujeres eficaces, con planes efectivos, necesitamos pensar bien, analizar, no actuar por impulso.
  • Establece maneras de chequear el progreso de tu plan y si es posible, busca una persona que pueda ayudarte a mantenerte enfocada en esos planes. Una especie de rendición de cuentas.

El escritor francés Antoine de Saint-Exupéry dijo: “Una meta sin un plan, es solo un deseo”. Incluso cuando sepamos adónde queremos llegar, la meta, si no tenemos un plan, se quedará en deseo. La gente altamente eficaz tiene planes. 

Y claro, no puedo hablarte de planes sin dejar de decirte algo de parte de Dios: “Podemos hacer nuestros propios planes,  pero la respuesta correcta viene del Señor. Pon todo lo que hagas en manos del Señor, y tus planes tendrán éxito” Pr 16:1, 3. Ahí está la clave. 

Una vez que hayas hecho todo lo anterior, escríbelo. Escribir nos ayuda a visualizar las cosas y enfocarnos en lo que realmente queremos.  Hace que la idea se vuelva más tangible. Y luego, con tu lista en la mano, ve donde Dios y preséntasela. Pero ve dispuesta a que haya cambios, a que quizá el orden se altere, algunas cosas desaparezcan y otras que ni habías considerado se sumen. Pero ten la certeza de que como dice este pasaje, así tus planes tendrán éxito y recibirás la respuesta correcta.

¿Lista para comenzar? Vamos a dar el primer paso hoy para ser mujeres eficaces que viven en las metas y propósitos de Dios.

Wendy

Familia

El hábito que está inyectando vida a mi matrimonio

La vida pareciera ir mucho más rápido en estos tiempos que en siglos atrás. Las obligaciones se multiplican y las cosas que nos distraen de lo que realmente importa proliferan como esas florecitas pequeñas que parecen atractivas pero que en realidad son malas hierbas y nos cuesta mucho eliminarlas del jardín.

Hace algunas semanas mi esposo y yo decidimos que saldríamos a caminar todos los días. Como vivimos en lugar de clima muy caliente, hacerlo al anochecer nos resulta maravilloso, especialmente ahora que los días son más largos por el horario de verano. El motivo original de la decisión fue la salud. Tanto él como yo pasamos mucho rato sentados frente a la pantalla de una computadora y ya todos sabemos que eso no es nada bueno cuando del bienestar físico se trata.

Pero resulta que esas caminatas nos han traído mucho más que oxígeno a la sangre y la quema de calorías. Las caminatas de las tardes se han convertido en el tiempo en que podemos conversar, sin interrupciones. Hablamos de asuntos importantes y otros no tanto. Comentamos lo que hicimos durante el día. Aprovechamos para hacer planes, compartir sueños. Miramos el vecindario, disfrutamos ver el sol desaparecer, escuchar los sinsontes que son muy comunes donde vivimos. Las caminatas se han convertido en un momento para reconectarnos el uno con el otro después de muchas horas separados por el trabajo y los quehaceres del día.

Y la razón por la que te cuento todo esto es porque como dice el título, este hábito está inyectando vida a nuestra relación. Si no somos intencionales, el ajetreo, las responsabilidades y la rutina poco a poco van deteriorando un matrimonio. Esta relación, como el cuerpo físico, necesita su propio “oxígeno”. Necesita tiempo para mirar a los ojos del otro. Necesita caminar tomados de la mano. Un buen matrimonio se nutre cuando silencia al resto del mundo y se enfocan el uno en el otro.

Sí, hay días en que por una razón u otra se nos hace imposible dar la caminata, pero lo estamos convirtiendo en prioridad. Mi querida lectora, quizá una caminata no sea lo que quieres incorporar a tu horario, aunque es excelente para la salud; pero quiero invitarte a descubrir algo que pueda aportar ese oxígeno tan necesario a la relación. Conversa con tu esposo y decidan qué pueden hacer para dedicar un espacio del día a ustedes dos.

Al principio pudiera incluso hacerte sentir un poco egoísta por apartar este espacio de tiempo y quitarlo a la casa, los hijos o cualquier otra cosa; incluso puede que tengas que renunciar a ver un programa de televisión o algo parecido, pero vale la pena. Esta es una inversión que tiene dividendos seguros y buenos. Para que se convierta en hábito tienen que pasar más de 30 días, según dicen algunos expertos en el tema de formación de hábitos. Sin embargo, llegará un momento en que anhelarás esta parte de tu día. ¡A mí me está pasando! A veces me cuesta ponerme los tenis y salir a caminar, pero cuando pienso en el beneficio de disfrutar unos minutos con el amor de mi vida, ¡salgo adelante!

Hace poco le dije a alguien: “las cosas buenas de la vida siempre cuestan, especialmente las relaciones”. Y hoy te lo digo a ti. Un buen matrimonio no puede subsistir con los recuerdos del noviazgo o de los primero años… como mismo tú y yo no podemos vivir hoy con el oxígeno de ayer. Necesitamos respirar cada día aire nuevo y el matrimonio necesita que se le inyecte vida cada día también. Esto nadie lo puede hacer por nosotros, es nuestra responsabilidad.

Como te dije al principio, la vida pasa rápido, muy rápido. Entender eso debe hacernos  dar prioridad a lo verdaderamente importante: “Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría” (Salmos 90:12).

¡Bendiciones!

Wendy

(Publicado originalmente en wendybello.com)

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Feliz Año Nuevo, La Biblia

¡Déjalo ir!

Nota de la editora: Continuamos dando unos excelentes textos para que empieces bien el año, poniendo todo en su debida perspectiva.  En esta ocasión compartimos un texto del blog de Wendy Bello, de hace algunos años pero muy pertinente en estos momentos del año:

Hace unos días estuve organizando las gavetas de mi escritorio para comenzar el año un poquito mejor. Por alguna razón el desorden me estresa. Y fue en medio de eso que me encontré una tarjeta con un versículo que anoté hace ya un tiempo, no recuerdo cuándo. Contiene una promesa de Dios del libro de Isaías: 

«Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer» (Is 43:18, NTV).

Como Dios siempre es oportuno, me vino a la medida porque justo ese día, y algunos otros también, había estado pensando en el año que terminó, en todo lo bueno que tuvo y en que si 2018 se le compararía. No hay sabiduría en tales pensamientos, como nos lo asevera Eclesiastés: 

«Nunca preguntes por qué todo tiempo pasado fue mejor. No es de sabios hacer tales preguntas» (Ec 7:10 NVI).

Cuando un año termina es excelente hacer un inventario de las cosas buenas que Dios hizo en nuestra vida, de hecho, lo mejor es ir haciéndolo a diario porque eso enfoca nuestra mente en la gratitud. Pero no es bueno cuando comenzamos a comparar mentalmente y dejar que nuestros pensamientos divaguen por el rumbo del futuro desconocido.

La verdad es esta: no sabemos los planes que Dios tiene, pero tenemos que creer su Palabra. Y su Palabra dice que siempre obrará a favor de los que le aman (Romanos 8:28).

Es muy probable que 2018 no sea igual que 2017 en muchos sentidos. Tal vez algunas experiencias se repitan, y otras tantas no. Pero lo mejor que yo puedo hacer, y tú también, es mirar estos próximos meses con expectación, con la misma con la que abrimos un regalo que alguien querido nos da. Porque así es Dios.
Y sí, mezclado con todo eso vendrán cosas no tan lindas o fáciles, pero es parte del proceso. Recuerda que Dios está trabajando para que «lleguemos a la plena y completa medida de Cristo» (Efesios 4:13), es decir, a madurar en la vida de fe. Esa parte no ocurre sin dolores, sin dificultades. Así como el crecimiento físico tiene etapas, el espiritual también. En eso 2018 debe ser mejor que 2017, porque cada año debesuponer un paso de avance. Pero incluso si así no fuera, sigue caminando. No dejes que tu mente se quede en el pasado, ¡déjalo ir!
Pablo nos los recuerda con palabras claras: 

«…pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús» (Filipenses 3:13-14).

Sí, no es sabio andar merodeando en el pasado. ¿Por qué? Porque nos quita la mirada del presente que, en realidad, es lo único que tenemos. Y si nos enfocamos mucho en el futuro, de seguro caeremos presa de la ansiedad y el temor, porque son desconocidos para nosotros. Ese es terreno exclusivo de Dios.

Mi querida lectora, es hora de abrazar lo que Dios nos regala hoy. Este día. Y vivirlo para su gloria, confiando en su amor, y en su Palabra.

Él es el Dios que hace algo nuevo cada día, que renueva su misericordia, que hace fluir agua en el desierto, que convierte imposibles en posibles, que nos levanta si caemos y nos reviste de gracia a través de Jesús. Entonces, ¡soltemos el pasado! 

Deja ir todo anhelo por tiempos que aparentemente fueron mejores, porque, aunque sí hayan sido buenos, Dios sigue obrando a nuestro favor. Él no se quedó en 2017, él sigue presente en tu vida, y en la mía. ¿Lo creemos?

Vivamos como Dios lo diseñó,

Wendy

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Feliz Año Nuevo, La Biblia

Algo que puedes hacer para tener un año diferente

Nota de la editora: una publicación de 2018 pero tan relevante como entonces. Puedes hacerte las mismas preguntas y evaluar 2019, haciendo buenos planes para 2020.

Un nuevo año.

No sé a ti ¡pero a mí me parece increíble que ya estemos en 2018! En estos últimos días he estado haciendo un inventario de lo que fue 2017 para mí. Cada año que termina nos presenta la oportunidad de dar un vistazo a nuestra vida y ver dónde crecimos, dónde todavía nos queda mucho por andar. ¿Por qué es bueno esto del inventario? Las razones son varias, pero una que creo encabeza la lista es esta: nuestro tiempo en este mundo es corto, realmente muy corto. Y Dios nos llama a aprovechar el tiempo y no desperdiciarlo. De hecho, nuestros días aquí son un regalo que él nos ha hecho y debemos administrarlo bien.

Si hace un tiempo que lees este blog tal vez recuerdes que cada año le pido a Dios una palabra o frase que me sirva de enfoque. Por lo general he visto que esa palabra indica algún aspecto de mi vida en el que todavía queda mucho por hacer. Y claro, junto con esa palabra viene un pasaje bíblico. Es curioso que este año primero llegó a mí el pasaje bíblico y de ahí la palabra… o más bien la frase.

Pero antes de compartir contigo cuál será mi palabra/versículo para 2018, quiero invitarte un poco a la reflexión, y lo haré de manera sencilla, mediante preguntas. ¿Una sugerencia? Responde a ellas por escrito, no lo hagas mentalmente. ¿Por qué? Porque al escribir podemos expresar mejor lo que estamos pensando, porque quedará plasmado y te servirá de referencia, y porque además es un ejercicio que tiene muchos beneficios para nuestro cerebro ¡y eso siempre es bueno! Ya sé que no a todos les gusta escribir, pero si poco a poco desarrollas el hábito, verás que se hace más fácil y hasta puedes llegar a disfrutarlo.
Bueno, vayamos a las preguntas.

Inventario del 2017 
¿Qué fue lo mejor que te sucedió en 2017?

¿Qué cosas no quisieras olvidar nunca de ese año?

¿Cómo creció tu relación con Dios en 2017?

¿Qué fue lo que ayudó o impidió el crecimiento?
Con toda honestidad,

¿a qué dedicaste la mayor parte de tu tiempo en 2017?

Si pudieras cambiar algo de 2017, y que no dependa de otros sino de ti, ¿qué sería?

¿Leíste algo en 2017, además de la Biblia? (¡Surfear la internet no cuenta!)

¿Tuviste alguna palabra o tema para tu vida en 2017? ¿Viste algún cambio en tu vida como resultado? 

Pensando en 2018
¿Qué quisieras hacer diferente este año? (No hagas una lista demasiado larga, piensa y quizá enfócate en unas tres cosas.)

¿Has escogido algún plan de lectura bíblica? (Yo decidí leer la Biblia en un año pues hace un tiempo no lo hago y además estoy haciendo un estudio temático relacionado con mi versículo del año.)

¿Qué puedes hacer para mejorar tu salud física en 2018?

¿Cómo pudieras mejorar tus relaciones interpersonales (reales, no virtuales) en 2018?
Si eres esposa o mamá, ¿de qué manera pudieras servir y bendecir mejor a tu familia en 2018?

¿Cómo puedes honrar más/mejor a Dios en tu trabajo o roles en 2018?

Si no eres una lectora ávida, ¡decide comenzar este año! Un pequeño paso a la vez. Escoge quizá un libro por mes. Leer es clave para crecer, para ser mejores líderes, para enriquecer nuestro vocabulario y cultura general. Eso sí, escoge sabiamente tu lectura. No pierdas tiempo en lo que no edifica.

Y, por último, si nunca lo has hecho, te animo a tener una palabra y versículo para el año. En lugar de tener muchas metas que casi siempre terminan en nada, esa palabra y versículo te pueden servir de faro para todas las esferas de la vida.

Mi versículo para 2018 está en Proverbios 4:23.

En este enlace encontrarás una imagen del mismo que puedes imprimir si gustas.

Mi querida lectora, te deseo un feliz 2018. Te invito a continuar aprendiendo a vivir como Dios lo diseñó, ¿me acompañas?

Bendiciones,

Wendy 

(Publicado originalmente en wendybello.com)

Día de Reyes, Los Reyes Magos, Navidad

Lo que puedo aprender de los “Reyes Magos”

“En aquel tiempo, unos sabios que venían desde el oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: ‘¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el oriente, y venimos a adorarlo‘”. (Mateo 2:1-2, énfasis de la autora.)

Un largo viaje, nada de comodidad, pero muchos deseos de encontrar “al rey”. Aquellos hombres sabios, que ni tan siquiera eran judíos, decidieron emprender una travesía, siguiendo solo el rumbo que les trazaba una estrella, para adorar al rey.

Entre tanto que encierra la Navidad a veces Jesús se nos pierde, se nos pierde porque estamos buscando muchas otras cosas. Y, a diferencia de los sabios, nos embarcamos en otras travesías que, en lugar de acercarnos a Belén, nos alejan. 

Navidad es buscar al Rey…para adorarlo.

La Biblia no nos dice por qué Dios escogió a aquellos hombres, a quienes hoy muchos conocen como “los reyes magos”, para ser partícipes de este gran milagro, pero es evidente que sus corazones estaban buscando. Y siempre que nos propongamos buscar a Dios, lo encontraremos. 

 “Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme” (Jeremías 29:13).

Estos viajeros orientales no buscaban al rey para corroborar una teoría astrológica… ¡lo buscaban para adorarlo! 

Dios sigue buscando lo mismo. Corazones sensibles, dispuestos a embarcarse en la mejor de las travesías para que descubran el mejor regalo de todos: una relación con él, a través de Jesús, mediante la experiencia de adorarle y conocerle.

Hoy que se celebra el “Día de reyes”, tenemos algo en lo cual reflexionar. Ellos nos dieron una lección que podemos imitar. 

Busca un momento en el día, en medio de los ajetreos, los preparativos, y haz lo que hicieron los sabios…adora a Jesús. Él te está esperando. No necesita oro, ni incienso, ni mirra, porque ahora ya está sentado junto a su Padre en el trono que un día dejó para venir a Belén. El mejor regalo que le puedes darle es tu corazón rendido, dispuesto a adorarle, a escucharle, y conocerle.
Si nos ponemos a pensar, en cierto modo esta fue la primera expedición misionera de la historia. Aquellos hombres extranjeros de seguro regresaron a sus países contando todo lo que habían presenciado.  Así que además de adorar al Rey, no olvides compartir con otros a JESÚS.

(Este artículo es parte del libro “El corazón de la Navidad”)

Bendiciones,

Wendy

Familia

Carta de una mamá a otra

Querida mamá, compañera de batalla en esto de criar hijos:

Hoy quiero dejarte esta nota ya sea que te encuentres de un lado u otro de la situación. Imagina que estamos conversando frente a frente, con una taza de café, como amigas de hace muchos años. 

Cuando te encuentres con otra mamá, no cedas a la tentación de juzgar la manera en que cría a sus hijos. Tú solamente estás viendo un lado de la moneda, no conoces la historia completa. No compares su estilo de crianza con el tuyo, ni creas que porque tú haces las cosas de una manera necesariamente todo el mundo debe hacerlas así. Cada hijo es diferente, cada familia es diferente. 

Evita dar consejos no solicitados. Por lo general las personas, cuando quieren un consejo, lo piden. Y si no fuera así, si realmente crees que es necesario y existe la confianza suficiente, espera al momento más oportuno y ora por sabiduría y mucha gracia para tus palabras. 

Dice el libro de Proverbios: «El consejo oportuno es precioso, como manzanas de oro en canasta de plata» (25:11). ¿Palabra clave? Oportuno. Hay un momento para cada cosa, y no siempre es el momento ideal para dar consejos, especialmente si suena más a juicio que a consejo. No olvides que tú y yo, como hijas del Padre celestial, somos un producto de su gracia, infinita, inmerecida, cada día. 

Esa mamá a la que tan fácil juzgamos pudiera ser nueva en la tarea, puede que no haya tenido una familia que le sirviera de modelo, tal vez está luchando por hacer las cosas lo mejor que puede y, no obstante, siente que se le acaban las fuerzas. Si algo necesita de nosotros quizá es una palabra de ánimo, una sonrisa, una invitación a un café, un preguntarle cómo está, o simplemente tomar la decisión de orar por ella y su familia. 

Jesús es nuestro mejor modelo de otorgar gracia al que la necesita. ¡Tantos encuentros tuvo con personas que quizá tú y yo hubiéramos evitado hoy, o a quienes juzgaríamos implacablemente! Aprendamos del Maestro. 

Es mejor que nos sangre la lengua por morderla para no decir lo que no debemos y no que atravesemos el corazón de alguien con palabras hirientes, con miradas de juicio y falta de amor. 

¿Estoy defendiendo el no escuchar consejos o no darlos? ¡Claro que no! Lo que estoy proponiendo es quitarnos la toga de juez que a veces nos adjudicamos. Estoy proponiendo que en lugar de autoproclamarnos expertas en crianza asumamos el rol de compañeras de lucha. Estoy haciendo una invitación a toda mujer, incluso si no es mamá, a que practiquemos lo que nos enseña la Palabra de Dios en pasajes como este:

«No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala (corrompida), sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan» (Efesios 4:29). 

¿Lo viste? Palabras que edifiquen, es decir que sean buenas, útiles, y con gracia. 

Esta es una palabra de exhortación, no de crítica. Te la comparte alguien que ha estado de ambos lados. Alguien que ha sido herida por palabras de juicio, y que sin dudas también en algún momento las ha dicho o las ha pensado… porque así de malvado es nuestro corazón humano. Sin embargo, podemos vivir transformadas si tenemos a Cristo. 

Seamos mujeres diferentes, ¡a eso nos ha llamado Dios! 

Wendy

Publicado originalmente en wendybello.com

Crecimiento Espiritual, Crecimiento Personal, Espiritualidad

“Esto” me cambió para siempre

Siempre me han gustado los buenos modales, la cortesía ¡y la gente cortés! Creo que es uno de esos valores que se están borrando, lamentablemente. Parte de la cortesía es dar gracias a las personas por abrirnos una puerta, hacernos un favor, entregarnos un regalo, cedernos el paso, etc. Ese es un ángulo de “la gratitud”, pero en realidad, es mucho más que un acto de cortesía o de buenos modales.  La gratitud es un tema del corazón.

Hace ya unos años que Dios hizo una revolución de gratitud en mi vida. Déjame contarte.

Nunca me resultó difícil practicar el “dar gracias” como algo social y cortés. Mis padres y abuelos me lo inculcaron desde muy pequeña. Sin embargo, no vivía con un corazón agradecido. ¡Esa es la gran diferencia!

El Señor usó un libro de la autora Ann Voskamp para revelarme mi carencia, mi pecado al no vivir agradecida. ¡Y me llevó por todo un recorrido en la Biblia relacionado con el tema! Me hizo «descubrir» qué importante es para Él la gratitud de su pueblo y lo que realmente significa vivir de esa manera. Me cambió para siempre.

¿Sabes? Antes de eso me resultaba muy fácil ver lo que me faltaba, comparar mi vida con la de otras personas y quejarme sin medida. Las tres cosas son una afrenta para Dios. Las tres cosas nos hacen olvidar que en realidad no hemos hecho nada para merecer lo que tenemos. Si lo creemos de otro modo, hemos sido engañadas por el enemigo del alma, usando el orgullo como arma.

Cuando nos enfocamos en lo que nos falta, no agradecemos lo que ya tenemos. Y eso da lugar a la queja. Dios detesta la queja, algo de lo que ya hemos hablado antes. Cuando comparamos nuestra vida con la de otra persona perdemos el gozo y damos lugar a que surja la envidia. Desde el principio Dios nos dijo que no codiciáramos lo de otros. En Salmos 50:23 encontré un pasaje que abrió mis ojos a la importancia de vivir agradecidas.

«El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra» (LBLA).

«Quien me ofrece su gratitud, me honra» (NVI).

La gratitud de nuestro corazón honra a Dios, ¿por qué? Porque reconoce su bondad, reconoce su misericordia, su gracia, su fidelidad, su amor inagotable. No podemos decir que amamos a Dios y no vivir agradecidas. Ambas cosas van de la mano. ¡Cuánto le agradezco al Señor que me enseñara esta verdad en su propia Palabra!

Entendí que había dejado que la ingratitud se arraigara en mi corazón y perdí de vista que Dios había sido, y es, extremadamente bueno. La lista podía comenzar por el regalo de una salvación inmerecida, el poder respirar, caminar, ver, tener familia, amigos, ¡y tanto más! También aprendí que vivir así alegra el corazón porque no se puede vivir agradecido y a la vez estar amargado o triste constantemente.

Además, Dios usó 1 Tesalonicenses 5:18 para mostrarme que la gratitud no solo le honra, sino que es un mandato suyo para nuestras vidas:

«Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús» (NTV).

Así que ya no tenía opción, no podía elegir entre ser agradecida o no. Si realmente quiero obedecer a mi Padre, entonces vivir agradecida es parte de mi obediencia.

Pero, como todas las cosas, esto no ocurre de la noche a la mañana. Primero le pedí perdón al Señor por el pecado de mi ingratitud y por no reconocer su bondad inmerecida. Y, además, le pedí que creara en mí un nuevo corazón, un corazón agradecido, y que me enseñara a cultivarlo (el proceso continúa). 

Fue así como comencé a llevar un «diario de gratitud», a contar bendiciones; no importa cuán grande o pequeño sea, todo es un regalo de Dios (Santiago 1:17).  No es nada complicado, simplemente anotar aquellas cosas por las que podemos dar gracias a Dios, cada día o siempre que puedas, de modo que se convierten en un testimonio de la fidelidad de Dios y aprendemos a reconocer su bondad… ¡a vivir agradecidas!

Mi querida lectora, estamos en noviembre, mes que tradicionalmente dedicamos a este tema. ¿Te ha hablado Dios a través de este mensaje? ¿Estás viviendo agradecida o estás atrapada en el pozo de la ingratitud? ¡Hoy puedes, de la mano del Señor, comenzar a vivir diferente! Y comenzar a honrar a Dios siendo una mujer agradecida. Motivos nos sobran, Cristo es el primero.

Bendiciones,

Wendy

(Publicado originalmente en wendybello.com)