La Semana Santa

Jueves Santo: celebraremos la última cena del Señor

Esta noche a las 20 h (hora de España) os invitamos a celebrar una cena, de lo más parecida a la que Jesús ha celebrado en su última semana, junto a sus discípulos. Lo haremos por Zoom, así que podrás seguirlo de cualquier lugar del mundo.

Zoom: https://zoom.us/j/98075716674… Meeting ID: 980 7571 6674 Passcode: 256331

¿Conoces esta tradición? Esta es la oportunidad ideal.

Puedes solamente observar, pero si quieres participar al completo, te invito a tener un plato con estos ingredientes al lado:

un huevo cocido,

un hueso de ave,

una hoja de lechuga,

una hierva amarga (rábano por ejemplo)

un ramo de perejil

un pequeño bol con agua y sal,

pan sin levadura (hay recetas para matza en internet – o utilizas pan normal),

Una mezcla de manzana picadas con miel y nueces (hay recetas para haroset en internet)

vino o zumo de uvas en una copa

Va a ser una experiencia muy interesante para toda la familia, incluso para los pequeños, que son el centro de la celebración. Si tienes niños en casa, ten a mano una servilleta y una moneda plateada.

Entra en Zoom con confianza solo para observar y oír la cantante Elihana, que se conectará directamente desde Israel, o participa paso a paso con nosotros. Es una cerimonio muy entrañable.

Os dejamos con un video de nuestra invitada especial:

Celebración, Crecimiento Espiritual, Espiritualidad, La Pascua, La Semana Santa

Una meditación para el Jueves Santo

Me gustaría que meditásemos en lo que hizo Jesús, su vida entregada hasta el sacrificio final.  El libro de Isaías, escrito 700 años antes, nos cuenta en forma profética lo que pasaría con Jesús.  Os dejo con esa lectura o se preferís, más abajo, el video con escenas de la vida de Jesús con el texto de las profecías.

Isaías 53 

¿Quién va a creer lo que hemos oído?

¿A quién ha revelado el Señor su poder?

El Señor quiso que su siervo

creciera como planta tierna

que hunde sus raíces en la tierra seca.

No tenía belleza ni esplendor,

su aspecto no tenía nada atrayente;

los hombres lo despreciaban y lo rechazaban.

Era un hombre lleno de dolor,

acostumbrado al sufrimiento.

Como a alguien que no merece ser visto,

lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta.

Y sin embargo él estaba cargado con nuestros sufrimientos,

estaba soportando nuestros propios dolores.

Nosotros pensamos que Dios lo había herido,

que lo había castigado y humillado.

Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía,

fue atormentado a causa de nuestras maldades;

el castigo que sufrió nos trajo la paz,

por sus heridas alcanzamos la salud.

Todos nosotros nos perdimos como ovejas,

siguiendo cada uno su propio camino,

pero el Señor cargó sobre él la maldad de todos nosotros.

Fue maltratado, pero se sometió humildemente,

y ni siquiera abrió la boca;

lo llevaron como cordero al matadero,

y él se quedó callado, sin abrir la boca,

como una oveja cuando la trasquilan.

Se lo llevaron injustamente,

y no hubo quien lo defendiera;

nadie se preocupó de su destino.

Lo arrancaron de esta tierra,

le dieron muerte por los pecados de mi pueblo.

Lo enterraron al lado de hombres malvados,

lo sepultaron con gente perversa,

aunque nunca cometió ningún crimen

ni hubo engaño en su boca.

10 El Señor quiso oprimirlo con el sufrimiento.

Y puesto que él se entregó en sacrificio por el pecado,

tendrá larga vida

y llegará a ver a sus descendientes;

por medio de él tendrán éxito los planes del Señor.

11 Después de tanta aflicción verá la luz,

y quedará satisfecho al saberlo;

el justo siervo del Señor liberará a muchos,

pues cargará con la maldad de ellos.

12 Por eso Dios le dará un lugar entre los grandes,

y con los poderosos participará del triunfo,

porque se entregó a la muerte

y fue contado entre los malvados,

cuando en realidad cargó con los pecados de muchos

e intercedió por los pecadores”.

Equipo Dulce Fragancia

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Si yo hubiera estado en la última cena

Este artículo fue publicado por Wendy Mello en su blog … (Gracias, Wendy, por compartirlo con nosotras)

La última cena. Subtítulo de un pasaje bíblico. Nombre de cuadros famosos, representada en más de una película. Pero más que nada, un momento real en la historia, real y determinante. Y si tú y yo hubiéramos estado presentes ¿a quién nos pareceríamos?

Hay alguien cuyo nombre no se menciona pero es clave en este relato. El dueño de la casa. Es evidente que conocía al Maestro porque con la sola mención de su nombre, abriría las puertas de aquella habitación para que Jesús y sus discípulos se reunieran para comer juntos aquella cena especial. ¿Te has puesto a pensar que aquel hombre no cuestionó  nada? De hecho ¡ya  estaba preparado!

Quiero parecerme a él. Que la sola mención del nombre de Jesús me haga abrir las puertas mi corazón que tantas veces quiero cerrar. Que al escuchar Jesús rinda todos mis planes, agendas, y esté preparada. Que cuando el Maestro llame yo siempre responda ¡aquí estoy, lista! No creas que porque escribo un blog, doy conferencias y ministro a la vida de mujeres mi vida es un cuadro de perfección. ¡Nada más lejos! Y, ¿sabes?, estoy convencida de que este hombre anónimo tampoco fue perfecto pero su carácter nos deja una lección intemporal: mantener el corazón abierto para Jesús y en el nombre de Jesús, tal y como él lo hizo con su casa.

¿A quién más nos podemos parecer? Ah, sí… el personaje oscuro. Aquel que preferiríamos borrar de la historia. Hasta su nombre nos resulta repulsivo. Judas. No sabemos mucho de su vida, ni de su familia. Sabemos que administraba el dinero y que lamentablemente la codicia pesaba más que la bondad en su corazón. A estas alturas quizá te estés preguntando por qué se me ocurrió pensar que pudiéramos parecernos en algo a Judas. Bueno, “el que crea estar firme…” Nuestros motivos pudieran volverse egoístas como los de Judas y llevarnos a traicionar al Maestro. Sí, es muy probable que no neguemos su nombre abiertamente, pero podemos hacerlo día  a día en el corazón cuando las aspiraciones personales, los motivos egoístas destronan a Jesús y sientan al yo. Sí, Judas fue un pobre infeliz al final de la historia, pero si creemos que nunca podríamos ser como él, el orgullo ya se ha apoderado de nuestra vida.

Amiga mía, este personaje oscuro sigue merodeando hoy, se viste con muchos trajes y te presenta oportunidades constantes para que digas sí. ¡No te dejes engañar! Este hombre caminó con Jesús cada día de su ministerio terrenal y no obstante, mira cuál fue el final. Debemos guardar nuestro corazón y presentarlo a Dios cada día para que lo revise y nos muestre donde la oscuridad quiere ganar terreno.

Tenemos otro personaje más. Este no quería perder ni un instante la compañía de su Maestro, sabía que los minutos estaban contados. Recostado a su lado comió de la última cena. Aquel a quien muchas veces se le llama “el discípulo a quien Jesús amaba”, a quien él encomendó el cuidado de su mamá. Juan. Juan nos enseña a buscar la proximidad, la cercanía, la intimidad con Jesús. Para él no era suficiente sentarse a la mesa. Él quería estar cerca, lo más cerca posible. Dice el griego original que “se recostó a Jesús”.

¿Cuánto buscamos tú y yo hacer lo mismo? ¿Cuánto valoramos la intimidad con Jesús, el tiempo a solas, “recostarnos” a su pecho y dejar que sus latidos desaceleren los nuestros y nos hagan cambiar el compás para que entremos en perfecta armonía con los deseos y sueños del Maestro? Te confieso que no siempre quiero hacerlo. Ya estoy tan acostumbrada al ritmo vertiginoso del siglo veintiuno en Norteamérica que bajar la marcha en ocasiones me parece una pérdida de tiempo. ¡Cómo nos dejamos engañar! Quiero aprender de Juan, él buscó lo mejor. Quiero sentarme a la mesa con Jesús, cada día, su banquete satisface más que cualquier otro manjarSi tan solo lo recordáramos lo suficiente no andaríamos buscando migajas.  

Sí, no tuvimos el privilegio de participar de aquella Pascua, pero ahora tenemos al Cordero a nuestro lado todos los días. Él nos invita a un banquete: “¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos” (Apocalipsis 3:20). Ese mensaje es para cristianos. Es para ti. Es para mí. Él te llama y quiere que abras la puerta y le dejes entrar, para cenar contigo.

Aquel dueño de la casa en Jerusalén escuchó el llamado, abrió la puerta y Jesús entró para cenar. Juan no titubeó y escogió el lugar más cercano junto al maestro. Y Judas… bueno, recogió su cosecha.  ¿A quién escogeremos parecernos hoy?

Vive como Dios lo diseñó.

 Wendy