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7 maneras de vivir con intencionalidad

¿Sabías que en el siglo XXI estamos padeciendo de un problema general? Se llama falta de atención. Y no me refiero a la enfermedad desde el punto de vista clínico. No, me refiero al fenómeno que cada vez se expande más por la sociedad aplastada por el peso de la tecnología.

Varios estudios han demostrado cuánto ha disminuido la productividad de las personas porque sus cerebros están cambiando constantemente de actividad: correo electrónicos,  alerta de mensajería instantánea, mensajes de texto, varias ventanas abiertas en el navegador de internet y un ratón que hace clic aquí y clic allá, actualizaciones en Facebook, llamadas telefónicas… solo de pensarlo me agota pero sé que así vivo yo también.

El resultado de todo esto es primero, como dije, poca productividad. El famoso mito de la multitarea quita más de lo que da.  Muchas tareas comenzadas, pocas terminadas. Agotamiento físico y mental.

Y últimamente Dios ha estado llamando mi atención al respecto. Aparentemente estamos en muchas cosas y lugares a la vez, pero nuestra mente no está en ninguno. No de manera completa.

Esa no es la vida abundante que Dios quiere para ti y para mí. Una vida de torbellino, agotada, con la mente corriendo de aquí para allá, ese no es el plan de Dios. El plan de Dios es una vida con prioridades, una vida con paz en medio del caos, una vida en la que aprovechemos el tiempo. Pero aprovechar el tiempo no es hacer varias cosas a la vez durante el mismo período de tiempo sino vivir a plenitud cada período de tiempo…porque nuestros días son muy cortos en esta Tierra. El plan de Dios es que vivamos con intención. 

intención.(Del lat. intentĭo, -ōnis).f. Determinación de la voluntad en orden a un fin.

¿Qué vamos a determinar? Bueno, empecemos por hacer lo que leí una vez (lamento no recordar el libro): donde estemos, estemos allí 100%.  Y no me refiero solamente a un lugar físico, me refiero a la tarea que estemos haciendo, a la conversación que entablemos, etc.

Así que hoy te propongo otra lista de “7”, para vivir con intención la semana y ver qué tal nos va.

  1. Aparta al menos 30 minutos para darle tu atención completa a Dios. {Si esta meta es muy alta para empezar, dedica menos tiempo, pero con toda intención.} Ese será sin duda el momento más importante de tu día.
  2. Cuando tu esposo llegue a casa en la tarde, o los niños regresen de la escuela, conversa con ellos mirándoles a los ojos, escuchando de veras. No trates de combinar ese momento con otro para ganar tiempo. Estas son las personas más importantes en tu vida. Lo demás puede esperar.
  3. Besa y abraza. En la vorágine del siglo XXI hasta esto se ha vuelto escaso. Dicen los que saben que los matrimonios que se besan y abrazan todos los días, son más felices. Y los niños que reciben besos y abrazos de sus padres se sienten más seguros y queridos.
  4. Usa un reloj o temporizador. Dividir las tareas por tiempo ayuda a concentrarnos mejor. Veinticinco minutos es un buen número. Y al terminar los 25, toma agua, camina un poco, haz algo que implique cambio de actividad. Y vuelve a empezar con otros 25 minutos.
  5. Alimenta tu alma. Cambia un poco de televisión por un buen libro. Y si no eres de las que gusta mucho de la lectura {gracias de paso por dedicar unos minutos a esta}, entonces “escucha” un libro. Esta era de tecnología nos da esa ventaja. Leer, o escuchar, un buen libro nos desafía a pensar, y así ejercitamos el cerebro, que a fin de cuentas también es un músculo.
  6. Cuida de tu cuerpo. El templo del Espíritu. Sé que nos cuesta…a mí me cuesta. Pero somos responsables de él. ¿Media hora de ejercicios cada día es mucho? Comienza por menos, quizá tres veces por semana. El asunto es ser intencionales con los ejercicios, con lo que comemos.
  7. Cena en familia. Este es otro de los hábitos casi extintos de nuestra era post-moderna. Pero, ¿sabías que las familias que cenan juntas son más saludables emocionalmente? ¿Y que los hijos que cenan con sus padres son más abiertos y menos propensos a conductas dañinas? Los horarios a veces chocan, el tráfico nos demora, etc. Pero no es imposible. Si no todos los días, busca que sea la mayoría.

Podríamos añadir otras cosas, pero voy a empezar por estas siete. Sí, para mí misma. Tal vez tú las quieras hacer tuyas.

Quiero vivir con intención mis días y así traer al corazón sabiduría.

¡Esa es la vida que Dios diseñó!

Wendy

Crecimiento Personal, Feliz Año Nuevo, La Biblia

Feliz Año Nuevo: Nuevas Prioridades

Esperamos que tengáis un año maravilloso y que podamos ser parte de ello.  Lo esperamos con todo nuestro cariño. 

Os dejamos unos pensamientos para hoy:

Nuestro Pan Diario

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas… (Eclesiastés 9:10).


Siempre quise aprender a tocar el violonchelo, pero nunca encontré tiempo para tomar clases. O más precisamente, nunca me hice de tiempo. Pensé que tal vez en el cielo, pueda dominar ese instrumento. Mientras tanto, quise enfocarme en usar mi tiempo en las formas específicas en que Dios me ha llamado a servirle ahora.


La vida es corta, y muchas veces, nos sentimos presionados a aprovechar al máximo el tiempo en este mundo, antes de que se nos vaya. Pero ¿qué significa esto en realidad?


Tras meditar en la vida, el rey Salomón recomendó dos cosas. Primero, vivir de la forma más significativa posible, disfrutando las cosas buenas que Dios nos permite experimentar: comida y bebida (Eclesiastés 9:7); ropa y perfumes (v. 8); el matrimonio (v. 9); y todas sus buenas dádivas… ¡incluso quizá, aprender a tocar el violonchelo!


La segunda recomendación es trabajar con diligencia (v. 10). La vida está llena de oportunidades, y debemos aprovechar todas las que Dios nos da, buscando su sabiduría para saber cómo equilibrar el trabajo y la diversión mientras ejercitamos nuestros dones para servirlo.


La vida es un don maravilloso de Dios, y lo honramos a Él cuando nos deleitamos, tanto en sus bendiciones diarias como en un servicio útil.

Señor, ayúdame a vivir este año para ti y cumpliendo tus propósitos.


Equipo DF

La Biblia, Uncategorized

¿Qué hacer con mi tiempo?

Algunas me dirán, ¡qué hacer con mi FALTA de tiempo!

Yo entiendo que muchas estamos muy ocupadas con la familia, con el trabajo fuera de casa, con las actividades sociales, la organización para el otoño, etc.

Me gustaría sugerir que puedes evaluar tus actividades y asegurarte que las prioridades están en orden.  La Biblia nos enseña que hay un orden en los enfoques de nuestra vida.

1º   Nuestra relación con Dios

2º   Nuestra relación con nuestro esposo o padres, si vivimos todavía en casa con ellos. 

3º   Nuestra relación con nuestros hijos

4º   Nuestra relación con nuestra comunidad en general (iglesia, amigos, clubes, etc)

Empieza una nueva etapa, con el nuevo año, busca mejorar en esta area.

Os invito a empezar por el nº 1:  ¿Cómo está tu relación con Dios?
En mi experiencia, desde que tengo esta relación con Dios, me resulta más fácil ordenar las otras áreas de la vida.  Él me ayuda a hacerlo.
Algunas ideas:

1) Aparta unos minutos al día para leer la Biblia.  Hay muchos materiales para ayudarte.  Hay devocionales, hay aplicaciones para el teléfono o tablet, hay Biblias comentadas.  Si necesitas ayuda para encontrar el material más adecuado para ti, déjanos un mensaje y trataremos de ayudarte. 

2) Habla con Dios.  Cuéntale todo lo que te preocupa.  Entrega en Sus manos todos tus problemas.  La Biblia dice:  “Entrega tu camino al Señor, confía en Él, y Él todo lo hará.”    Una vez hayas entregado tus preocupaciones al Señor,  ejercita tu fe, agradeciéndole por la respuesta.

3) Escucha a Dios.  Nuestra relación con Dios es dinámica.  Nosotros Le hablamos, y Él nos habla a nosotros.  ¿Cómo?  A través de la Biblia, a través de las personas, en nuestros pensamientos, en alguna circunstancia … basta querer oírle.   Hay que estar sintonizadas para oírle.   Cuando Dios te habla, ¡lo sabrás!  Esta es mi experiencia.

Espero que podáis poner en práctica lo que os sugiero.  ¡Lo recomiendo!

Mara

Crecimiento Personal

¡No tengo tiempo!

Aunque este es un tema recurrente para mí, en las últimas semanas ha adquirido un protagonismo mayor, si cabe. “No tengo tiempo”, en cualquiera de sus variantes: “No me llega el día para todo lo que tengo que hacer” “Yo necesitaría días de 25 horas”, “Se me pasa el tiempo volando”… Este pensamiento me acompaña y tortura a todas horas.En realidad las expresiones pueden ser infinitas, adaptadas a las peculiaridades y circunstancias de cada mujer, pero la idea siempre es la misma: Nuestra lucha a muerte contra el tiempo que parece burlarse de nosotras, porque cuanto más lo intentamos aferrar, con más velocidad parece alejarse.

Cada noche al ir a la cama, agotada por un día largo y extenuante en ocasiones, hago una lista mental de las cosas que al día siguiente, ¡un día en el que por supuesto estaré menos cansada!, deberé hacer si no quiero que mi lista de tareas pendientes continúe aumentando hasta el infinito.

Sí, la noche anterior, siempre tengo las fuerzas necesarias para acometer las tareas previstas del día siguiente….. Pero cuando el día siguiente amanece, parece que empieza a devorar demasiado rápido las energías que la noche anterior yo pensé que me ayudarían a eliminar esas tareas pendientes de mi lista, con gran celeridad: Recoger la ropa de la tintorería a la salida del trabajo, pasarme por correos a recoger un envío certificado, ayudar a los niños con sus tareas, leer juntos, preparar una cena saludable, ordenar los armarios de la cocina, cambiar la ropa de temporada, contestar a algunos correos atrasados, repensar la distribución de muebles del salón, arreglarme las uñas….

¡Qué angustia! ¡Qué ansiedad gratuita!

Esas listas infinitas, agotan mis fuerzas y mis recursos limitados.

Esta semana una amiga me recordó un versículo de la Biblia que en muchas ocasiones ha tenido para mí la capacidad de “sintonizarme” de nuevo cuando andaba yo luchando con mis particulares molinos de viento:

“Haznos entender que la vida es corta, para así vivirla con sabiduría” Salmos 90:12.
A menudo les digo a mis hijos que las personas son más importantes que las cosas. Y ha sido recordando esto, que he podido recuperar un poco la calma en estos días en los que, como os contaba al principio, me encontraba luchando cuerpo a cuerpo con un enemigo que en realidad podría no serlo para mí.

Si la vida es corta y lo es el tiempo de que disponemos, merecerá la pena invertirlo en lo más valioso que tenemos, que son nuestras relaciones. Así, he vuelto a recordar que en mi familia es más importante el tiempo que paso con las personas, que las cosas que hago por ellas pero sin ellas, aunque también éstas sean necesarias.

Todas queremos dar lo mejor a los que amamos, pero a veces olvidamos que nosotras mismas somos lo más importante que podemos ofrecerles. Ofrecer nuestra presencia y nuestra atención es el resultado de entender que si la vida es corta y el tiempo escaso, debemos dedicarlo en mayor medida a lo más importante.

Ahora me voy a la cama, pero mañana tendré tiempo de mirar a los ojos a las personas que amo y decirles, con tiempo, que estoy disponible para ellas y que ellas son más importantes que mis listas de tareas pendientes.

Goyi

Feliz Año Nuevo

Nuevas prioridades

Esperamos que tengáis un año maravilloso y que podamos ser parte de ello.  Lo esperamos con todo nuestro cariño. 

Os dejamos unos pensamientos para hoy:

Nuestro Pan Diario

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas… (Eclesiastés 9:10).


Siempre quise aprender a tocar el violonchelo, pero nunca encontré tiempo para tomar clases. O más precisamente, nunca me hice de tiempo. Pensé que tal vez en el cielo, pueda dominar ese instrumento. Mientras tanto, quise enfocarme en usar mi tiempo en las formas específicas en que Dios me ha llamado a servirle ahora.


La vida es corta, y muchas veces, nos sen-
timos presionados a aprovechar al máximo el tiempo en este mundo, antes de que se nos vaya. Pero ¿qué significa esto en realidad?


Tras meditar en la vida, el rey Salomón recomendó dos cosas. Primero, vivir de la forma más significativa posible, disfrutando las cosas buenas que Dios nos permite experimentar: comida y bebida (Eclesiastés 9:7); ropa y perfumes (v. 8); el matrimonio (v. 9); y todas sus buenas dádivas… ¡incluso quizá, aprender a tocar el violonchelo!


La segunda recomendación es trabajar con diligencia (v. 10). La vida está llena de oportunidades, y debemos aprovechar todas las que Dios nos da, buscando su sabiduría para saber cómo equilibrar el trabajo y la diversión mientras ejercitamos nuestros dones para servirlo.


La vida es un don maravilloso de Dios, y lo honramos a Él cuando nos deleitamos, tanto en sus bendiciones diarias como en un servicio útil.

Señor, ayúdame a vivir este año para ti y cumpliendo tus propósitos.


EQUIPO DF