Crecimiento Personal, manualidades

Reciclando una caja de fresas

Esta es una caja reciclada de fresas o cerezas.  Puedes utilizar estos momentos de arte sencillos para relajarse, pensar en la vida, decidir sobre posibles cambios, o sea, para crecimiento personal. 

Cuando estoy creando, durante el proceso, no puedo dejar de pensar que cada una de mis habilidades son un reflejo del mismo Dios.  Él es un Dios creativo a quien le encantan los colores, las formas, la belleza … basta contemplar la naturaleza.  Somos obras primas de Dios, creados para hacer lo bueno.  Saca un tiempo para ti y busca conocer tus habilidades, estarás sorprendida en ver como podrás utilizarlas para ayudar a otros.  

Esto se llama: encontrar tu propósito.  

¡Feliz Agosto!

Os dejo con el proyecto de Ana:

SEGUIMOS CON EL RECICLAJE:

MATERIALES:

– Una caja cuadrada de fresas de madera.

– Un pincel, un pincel de estarcir y Geso. Papel de arroz ó de scrap.

– Una plantilla a elegir.

– Pintura marfil ó blanca y verde.

– Pegamento de decoupage.( para el papel de arroz) ó (daycol) para el papel de scrap..

– Barniz satinado.



REALIZACION:

-1 Pintar toda la caja con geso,(2 manos) y pasar una mano de lija .

-2 Una vez seco,pintamos de color blanco o marfil, según preferencia, 

-3 una vez seco pegaremos el papel elegido con pegamento de decoupage, ó scrap según la elección del papel y dejamos secar,

-4 Cogemos la plantilla y estarcimos con la pintura verde,

-5 Por último barnizamos la caja.

Os animamos a pensar en este tema:

“Pero yo te he levantado para este mismo propósito, para mostrar mi poder y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra” (Éxodo 9:16).

Crecimiento Personal

¡No tengo tiempo!

Aunque este es un tema recurrente para mí, en las últimas semanas ha adquirido un protagonismo mayor, si cabe. “No tengo tiempo”, en cualquiera de sus variantes: “No me llega el día para todo lo que tengo que hacer” “Yo necesitaría días de 25 horas”, “Se me pasa el tiempo volando”… Este pensamiento me acompaña y tortura a todas horas.En realidad las expresiones pueden ser infinitas, adaptadas a las peculiaridades y circunstancias de cada mujer, pero la idea siempre es la misma: Nuestra lucha a muerte contra el tiempo que parece burlarse de nosotras, porque cuanto más lo intentamos aferrar, con más velocidad parece alejarse.

Cada noche al ir a la cama, agotada por un día largo y extenuante en ocasiones, hago una lista mental de las cosas que al día siguiente, ¡un día en el que por supuesto estaré menos cansada!, deberé hacer si no quiero que mi lista de tareas pendientes continúe aumentando hasta el infinito.

Sí, la noche anterior, siempre tengo las fuerzas necesarias para acometer las tareas previstas del día siguiente….. Pero cuando el día siguiente amanece, parece que empieza a devorar demasiado rápido las energías que la noche anterior yo pensé que me ayudarían a eliminar esas tareas pendientes de mi lista, con gran celeridad: Recoger la ropa de la tintorería a la salida del trabajo, pasarme por correos a recoger un envío certificado, ayudar a los niños con sus tareas, leer juntos, preparar una cena saludable, ordenar los armarios de la cocina, cambiar la ropa de temporada, contestar a algunos correos atrasados, repensar la distribución de muebles del salón, arreglarme las uñas….

¡Qué angustia! ¡Qué ansiedad gratuita!

Esas listas infinitas, agotan mis fuerzas y mis recursos limitados.

Esta semana una amiga me recordó un versículo de la Biblia que en muchas ocasiones ha tenido para mí la capacidad de “sintonizarme” de nuevo cuando andaba yo luchando con mis particulares molinos de viento:

“Haznos entender que la vida es corta, para así vivirla con sabiduría” Salmos 90:12.
A menudo les digo a mis hijos que las personas son más importantes que las cosas. Y ha sido recordando esto, que he podido recuperar un poco la calma en estos días en los que, como os contaba al principio, me encontraba luchando cuerpo a cuerpo con un enemigo que en realidad podría no serlo para mí.

Si la vida es corta y lo es el tiempo de que disponemos, merecerá la pena invertirlo en lo más valioso que tenemos, que son nuestras relaciones. Así, he vuelto a recordar que en mi familia es más importante el tiempo que paso con las personas, que las cosas que hago por ellas pero sin ellas, aunque también éstas sean necesarias.

Todas queremos dar lo mejor a los que amamos, pero a veces olvidamos que nosotras mismas somos lo más importante que podemos ofrecerles. Ofrecer nuestra presencia y nuestra atención es el resultado de entender que si la vida es corta y el tiempo escaso, debemos dedicarlo en mayor medida a lo más importante.

Ahora me voy a la cama, pero mañana tendré tiempo de mirar a los ojos a las personas que amo y decirles, con tiempo, que estoy disponible para ellas y que ellas son más importantes que mis listas de tareas pendientes.

Goyi