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Coronavirus, malas noticias ¿cómo reaccionamos?

Hace unos años hubo una tragedia en un cine de los Estados Unidos a consecuencia de un tiroteo; algunos muertos y varios heridos, entre ellos niños. Horrible. A los pocos días algo similar ocurre en una escuela. Murieron muchas más personas. 

En aquel entonces mi hija tenía nueve años y en la escuela escuchó algo sobre esas noticias y vino con su carita preocupada a hacerme preguntas. Esas preguntas que nunca quisiéramos escuchar porque nos recuerdan el mundo caído e imperfecto en que vivimos.

Nos recuerdan que aunque queramos, nuestros hijos no pueden vivir en una burbuja y están expuestos al pecado y a sus consecuencias.  Preguntas para las que quisiéramos tener respuestas fáciles, pero no es así.

Hoy las noticias son diferentes, las noticias son acerca de un virus que se ha convertido en pandemia y para la cual todavía no hay muchas respuestas. Sin querer minimizar lo que está sucediendo, sí creo que el hecho de tener un acceso inmediato a tanta información ha sido determinante al crear un estado de pánico en muchas personas. Y te confieso que la ansiedad también ha querido atraparme por momentos. 

El asunto es dónde estamos poniendo la mirada. ¿Cuál es nuestro sentido de seguridad? Voy a compartir contigo lo que compartí con mi hija en aquel momento porque creo que es válido para todas. 

Aquel día me senté con ella e hice lo único que con certeza podría darle una respuesta verdaderamente sabia y tranquilizadora. Busqué mi Biblia y le mostré el versículo en los Salmos que durante tantos años ha dado paz a mi corazón en medio de muchas tormentas de malas noticias: 

“Ellos no tienen miedo de malas noticias; confían plenamente en que el Señor los cuidará.” Salmos 112:7

“¿Y quiénes son ellos?”, le expliqué yo a mi hija. “El Salmo nos da la respuesta un poquito antes: los justos (v. 4)”. Lo que nos llevó a otra pregunta: ¿Quiénes son los justos?  La misma Palabra nos da la definición: “sabemos que una persona es declarada justa ante Dios por la fe en Jesucristo” (Gálatas 2:16). 

¿Será que somos más fuertes que los demás? ¡Para nada! Pero la Palabra de Dios nos enseña que si hemos puesto nuestra fe en Jesús, no debemos tener miedo de malas noticias porque confiamos plenamente en que el Señor es soberano sobre nuestras vidas, y sea lo que sea, estamos en sus manos. 

El temor es un sentimiento humano, y es válido, siempre y cuando no dejemos que nos domine. Una mala noticia puede hacer que nuestro corazón dé un vuelco  y sintamos esta sensación incómoda en el estómago. Pero es ahí donde la Palabra de Dios, se convierte en nuestra ancla, sustento, esperanza. Es  entonces cuando recordamos que aunque la situación puede producir temor, como “justos que hemos creído en Cristo”, no nos quedamos en el temor sino que confiamos. Recordar el amor que Dios nos tiene, y que ha hecho evidente en Jesús, tiene que echar fuera el temor de nuestras vidas.

Lamentablemente no puedo decirte que vivirás una vida exenta de malas noticias, pero sí puedo decirte que al ser declarada “justa” delante de Dios, al ser su hija por medio de la fe en Jesús, ya no tienes que vivir esclava del temor: “Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre!» (Romanos 8:15).

Si ponemos nuestros ojos en la prensa, o si dejamos que nuestra imaginación cobre alas, es muy probable que suframos un ataque de pánico o por lo menos que nos inunden la ansiedad y el temor. Debemos reconocer que tenemos un enemigo que anda buscando a quién devorar y nuestra mente es un campo fértil si nosotros le seguimos el juego. 

Tú y yo estamos viviendo en espera de que llegue la nueva creación. Ahora mismo no podemos disfrutar de todos los beneficios que la obra de Cristo en la cruz hizo posible. Un día sí será así para siempre, como nos revela Ap. 21:1-5. Así que podemos vivir con la esperanza, ¡y debemos vivir de esa manera! 

¿Cómo lo hacemos? Te quiero recordar el pasaje que mi esposo me recordó a mí cuando la ansiedad estaba amenazándome, 1 Pedro 5:7. 

“…echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes”

Dos cosas claras ahí: dejar la carga de la ansiedad en manos de quien es el único tiene control y soberanía sobre todo, Dios. Y, segundo, sabiendo que ÉL cuida de nosotros, incluso cuando pasamos por incertidumbre, enfermedad, dolor, coronavirus, o lo que sea. ¡En verdad la Palabra de Dios es nuestra esperanza y sostén!

En estos tiempos de incertidumbre, seamos luz, vivamos el evangelio, ¡hablemos de Cristo a un mundo que tanto lo necesita! Y cuando la ansiedad y el temor quieran atraparnos, corramos a los pies de nuestro Señor y revistamos nuestra mente de Su Palabra.

(Un buen artículo que explica sobre el virus, escrito por un pastor y especialista en enfermedades infecciosas: haz clic aquí).

Bendiciones,

Wendy

Crecimiento Personal

La ansiedad, una emoción que está de moda

Las emociones son tan variadas como los colores. Son reacciones que se vivencían como una fuerte conmoción del estado de ánimo. Esta vivencia puede tener un acento placentero, cuando experimentamos emociones positivas como pueden ser alegría, alivio, dicha, deleite, gratificación, etc.

Pero también pueden tener un efecto no placentero, como la ira, el miedo, remordimiento, indignación, irritabilidad, etc. Todos pasamos por una amplia gama de emociones. Pero, ¿por qué es importante sentir emociones?

Las emociones nos activan para responder mejor y para tener más energía ante situaciones importantes. Movilizan nuestra memoria y nuestro lenguaje. Cambian nuestro comportamiento porque nos preparan para la acción. Por ejemplo, ante situaciones de peligro sentimos miedo; frente a la pérdida sentimos tristeza; frente al daño sentimos ira; frente a la amenaza sentimos ansiedad y frente al éxito sentimos alegría.

Es genial poder sentir emociones, pero ¿cuándo son un problema las emociones? Cuando nos generan malestar psicológico como pérdida de control y mucha tensión. Cuando activan nuestro cuerpo dando lugar a palpitaciones o respiración agitada. Cuando generan comportamientos como evitar ir a determinados sitios o evitar hablar.

La ansiedad es una emoción, una respuesta emocional que surge ante una situación en la que percibimos amenaza.

Un grado de ansiedad es útil. Es una emoción natural que nos pone en alerta ante un posible resultado negativo preparándonos para cambiar dicho resultado. Pero otras veces nos activamos excesivamente y nos ponemos muy nerviosas. Sufrimos fracasos, no porque nos falte capacidad, sino por estos niveles de ansiedad extremos nos bloquean impidiendo que demos una respuesta correcta. Pongamos un ejemplo de cómo podemos perder un trabajo por miedo a ir a la entrevista:

– Situación: Tengo una entrevista de trabajo.
Tenemos dos formas diferentes de interpretar la situación:
Pensamiento persona A: “No me van coger, me voy a poner nerviosa y lo voy a hacer mal”.
Pensamiento persona B: “Voy a ir tranquila y lo haré lo mejor posible. Después de todo, si no me cogen me va servir de experiencia para otras entrevistas”:

Sentimientos:
Persona A: Siente ansiedad y miedo además de taquicardia, sudoración de manos, respiración agitada, etc.
Persona B: Tranquilidad.

De estas emociones se derivan estas conductas:
Persona A: NO va a la entrevista
Persona B: SÍ va a la entrevista.

Una de las formas de reducir el alto grado de ansiedad es atacar la respuesta física a la ansiedad: taquicardia, respiración agitada, sudoración de manos, sequedad de boca, etc. Y, ¿cómo lo conseguimos? Aprendiendo a respirar correctamente de forma pausada y profunda y aprendiendo a relajarnos. Ambas son dos armas poderosas para trabajar nuestras emociones. Te aconsejo que te entrenes en la RELAJACIÓN MUSCULAR PROGRESIVA de Edmund Jacobson. Jacobson argumentaba que ya que la tensión muscular acompaña a la ansiedad, uno puede reducir la ansiedad aprendiendo a relajar la tensión muscular. La clave por lo tanto está en que no podemos estar físicamente relajados y a la vez sentir ansiedad.

Si estás ansiosa, si estás bajo presión, o estás nerviosa porque debes enfrentar alguna situación difícil, sientes un estado de tensión muscular alto, esta técnica te permitirá un nivel de relajación elevados.

Pero además de la relajación te animo a tener en cuenta, como yo lo he hecho y me ha sido de gran ayuda, la invitación que nos hace a todos Jesucristo en la Biblia:

“Echa toda tu ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de ti”.

Raili