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La cosecha está madura

“Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra. Ustedes conocen el dicho: “Hay cuatro meses entre la siembra y la cosecha”, pero yo les digo: despierten y miren a su alrededor, los campos ya están listos para la cosecha. A los segadores se les paga un buen salario, y los frutos que cosechan son personas que pasan a tener la vida eterna. ¡Qué alegría le espera tanto al que siembra como al que cosecha! Ya saben el dicho: “uno siembra y otro cosecha”, y es cierto. Yo los envié a ustedes a cosechar donde no sembraron; otros ya habían hecho el trabajo, y ahora a ustedes les toca levantar la cosecha”. [Juan 4:34-38]
¿Os pasa también a vosotras que únicamente en la Biblia encontráis tantísimo conocimiento y dirección en un solo párrafo? La sociedad en la que vivimos nos marca una serie de conceptos e ideas preconcebidas que aceptamos sin reservas y de repente Jesús nos habla y hace caer todos los muros que hemos estado construyendo por nuestra cuenta. Me explico. Siempre pensé que en el mundo hay muchísima necesidad espiritual (de lo cual estoy convencida), el tema es que siempre pensé también que se encuentra en países más pobres o menos desarrollados que en España. De ahí mi idea de pensar en un misionero y venirme a la cabeza el fantástico trabajo que hace este colectivo en países africanos y asiáticos. ¿Y yo qué? ¿Qué puedo hacer para Jesús si mi vida está anclada en este lugar y a las circunstancias que estoy viviendo? Esta pregunta puede suponer una queja aunque también una justificación. Y Él me contesta: “Despierta y mira a tu alrededor, los campos ya están listos para la cosecha”. No importa dónde estemos ni qué estemos haciendo, ni tan siquiera si nos gusta o no la circunstancia, estamos aquí y ahora por la voluntad de Dios y Él tiene un propósito para cada una de nosotras, porque allá donde haya una sierva de Dios hay una necesidad espiritual que nosotras podemos ayudar a suplir. Los campos ya están listos, los campos en los que estamos ahora mismo, no aquellos a miles de kilómetros, no los de la ciudad de al lado, en estos que nos rodean HOY.

Sólo por la inmensa gracia de Dios ya deberíamos estar más que dispuestas a cumplir con esta tarea y aún así el amor del Señor es tan grande que nos dice “A los segadores se les paga un buen salario”. ¡Cuántas bendiciones tiene preparadas para el que obedece!
Y ahora el turno es del enemigo, que viene a decirnos que no estamos preparadas, que no estamos capacitadas, a llenarnos de dudas y hacer que nos alejemos del camino correcto. Sin embargo tenemos las palabras de Cristo que son todo lo que necesitamos: “Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios”. En Dios reside el alimento, la fuerza, la capacidad, todas las herramientas que precisamos para poder hacer cualquier cosa que forme parte de su voluntad. Y como nos enseña la Palabra en Éxodo 31:1, al que llama, Dios equipa. 

Hace un tiempo me preguntaron cuál era mi llamada más profunda y mi respuesta fue “pescar almas para Cristo” y ahora después de leer este texto puedo añadir que no sólo fui llamada a pescar sino también a cosechar. ¿Y tú? ¿Qué vas a cosechar hoy?

Iva

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