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Preguntas, respuestas … en el Camino de Emaús

Muchas preguntas han venido a mi mente estas semanas. Varias sin respuestas aún.

A veces me siento como esos dos caminantes hacia Emaús. Mucha frustración. Muchas preguntas, pocas respuestas. Ellos esperaban que Jesús libertara al pueblo -esperaban que el sufrimiento terminase-, pero él había muerto hace tres días. No había esperanza, solo angustia.

“¿Eres tú el único que no sabe lo que ha pasado en estos días?”

¿Cómo podía ser que este tercer caminante se les acercase sin saber lo que había pasado?

El tercer caminante los increpa… “—¡Qué necios son! Les cuesta tanto creer todo lo que los profetas escribieron en las Escrituras. ¿Acaso no profetizaron claramente que el Mesías tendría que sufrir todas esas cosas antes de entrar en su gloria?”

Algo había en él, que pese al regaño, los dos caminantes le ruegan que se quede con ellos esa noche. Después de comer juntos sucedió lo inesperado: “se les abrieron los ojos y lo reconocieron”.

¡Jesús había resucitado!

Y ellos vuelven a preguntarse: “¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

La resurrección había tornado la tristeza en alegría. La angustia y la frustración encontraban sentido.

Probablemente, ellos seguían teniendo muchas preguntas sobre el porvenir. Pero ya no estaban solos, desolados, si no que ahora, Cristo era su esperanza de gloria y razón de existencia.

Rocío